Un nuevo naufragio, ocurrido el último fin de semana en el mar Mediterráneo en el que podrían haber muerto 800 personas que trataban de alcanzar las costas italianas, -se cree que 950 viajaban en el pesquero-, ha vuelto a poner el tema en un primer plano internacional, con críticas a la Unión Europea. La reiteración del drama de Lampedusa, que llevó a Francisco a asistir espiritualmente a los sobrevivientes, viajando a Sicilia a poco de iniciar su papado, se torna insostenible.

La inmigración irregular, impulsada por traficantes inescrupulosos, ha movido a convocar para mañana a un Consejo Europeo extraordinario a fin de considerar lo que se ha tornado en la cuestión de Estado más apremiante del continente. La cumbre de jefes de Gobierno en Bruselas prevé discutir la manera de detener a los traficantes que cínicamente lucran poniendo en riesgo las vidas de los emigrantes, de manera de poner fin a las incursiones clandestinas y cómo ayudar a los países europeos más afectados y acelerar la cooperación con las naciones de origen y tránsito.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos observa al flujo inmigratorio ilegal como una cuestión humana hacia donde deben enfocarse todas medidas de salvataje. Se trata de familias con niños que arriesgan todo en su intento de encontrar una vida mejor en el extranjero. La última tragedia es el resultado predecible del fracaso de la política empleada, desde que se sustituyó la eficaz operación Mare Nostrum de Italia, por el operativo Triton de la Unión Europea, más enfocado al control de las fronteras que en salvar personas.

El titular de Derechos Humanos de la ONU fue durísimo en sus críticas a la Unión Europea por la forma de encarar la situación de los ilegales a la luz de los sucesos. Zeid Ra’ad al Hussein expresó que la UE está dando la espalda a los inmigrantes más vulnerables del planeta y se arriesga a convertir el Mediterráneo en un cementerio. Reclamó que que se amplíen las vías legales para que los inmigrantes puedan llegar a Europa sin tener que recurrir a traficantes.

"No sé cuantas más tragedias de este tipo tienen que ocurrir antes de que los gobiernos europeos se comprometan a salvar vidas y a aplicar políticas migratorias coherentes, en lugar de reaccionar a movimientos xenófobos y populistas…”, manifestó Zeid. Tal vez estas palabras sean la más acertada síntesis de uno de los casos de intolerancia inhumana más graves de este siglo.