La supervivencia humana depende de los humedales. Su diversidad biológica cobija innumerables especies vegetales y animales que dependen de esas fuentes de agua para subsistir. Sin embargo, la superficie y calidad de estos disminuye en todo el mundo y corren un gran riesgo de desaparecer. Allí radica la urgencia de intervenir en esta problemática, por medio de políticas ambientales que permitan un abordaje integral sin limitar el desarrollo humano.

Los aportes que brindan los humedales son innumerables. Sus "servicios ecosistémicos" van desde el suministro de agua dulce, alimentos, materiales de construcción y biodiversidad, hasta el control de crecidas, recarga de aguas subterráneas y posibilidad de mitigar del cambio climático. La Convención Ramsar, relativa a los humedales de importancia internacional, sostiene que no son sólo tierra húmeda, sino que se trata de todos los cuerpos de agua menores a seis metros de profundidad. Ello incluye arroyos, la mayor parte de las lagunas, las costas marinas.

El relieve argentino permite identificar 22 sitios designados como Humedales de Importancia Internacional. Con una superficie total de 5.625.407 hectáreas.

Un registro de humedales establecería los presupuestos mínimos para la conservación, protección, restauración ecológica, uso racional y sostenible de los humedales. Además, a través de un registro de humedales, se preservarían los beneficios ecosistémicos que brindan a la sociedad.

Con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), desde el Cedyat trabajamos en la formulación del Plan de Gestión del Delta (PDS), con una estrategia enfocada en la elaboración de un instrumento para fomentar actividades productivas más convenientes. Todo con el objetivo tendientes a revertir, recuperar y reorientar el crecimiento más adecuado para el Delta entrerriano.

Asimismo, entendemos que la creación de un Observatorio de Humedales del Delta habilitaría un abordaje completo y un diagnóstico sobre el estado de situación y conservación de la región.

Un observatorio es una fuente de información. Posibilitaría un estudio profundo de la biodiversidad y sus variaciones, como indicador de cambios en los ecosistemas, a través del monitoreo de la calidad del agua, el aire y el suelo. Y la posterior difusión con fines académicos, económicos y sociales, articulando con experiencias similares a nivel regional, nacional e internacional.

Es necesaria una urgente intervención positiva del hombre, que siente las bases para el ordenamiento territorial y la regulación de cadenas productivas compatibles con la sustentabilidad ecológica. Una ley que permita mitigar los efectos de la destrucción de los humedales y los considere vitales para el desarrollo humano, equilibraría la balanza biológica del planeta.

(*) Director Ejecutivo del Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (Cedyat)