Es humano que la persona tenga como norte la obtención de los mejores frutos a través de una travesía por lo más prometedor de la compleja y totalizadora experiencia de la vida.
Es posible discernir aspectos de esa experiencia y enfrentarse a una lucha íntima sin igual, el hombre puede hacerlo. Pero cuando se trata de la capacidad de la naturaleza no hay oponente en frente sino una realidad que lo sume en lo inesperado.
Este pensamiento podría aplicarse a los resultados del terrible terremoto que vivió Chile y que tiró por el suelo, casas, sueños y proyectos dejando al individuo sin nada y en la más absoluta soledad.
Qué hacer contra la impiedad de la naturaleza es un enigma que no tiene solución en lo inmediato y ello lo ha comprobado la humanidad en distintas épocas y en diversos puntos del planeta.
El hombre experimentó la adversidad en momentos de paz y de guerra y siempre fue como caer en los tentáculos de una historia que todavía no conocía ni comprendía. Es decir, no es posible presentar batalla a lo imprevisible.
Cuando ello sucede (cuando llega lo imprevisible) se generan los grandes interrogantes de la vida, aquellos que pueden producir esperanzas pero no respuestas. Entonces, la soledad rodea al hombre hasta hacerle sentir que existe. Así percibe el entorno.
Séneca dijo "sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo" y algo de ello hemos visto cuando la desgracia cayó sobre Chile. Enfrentaron la adversidad y ahora les toca pensar en la reconstrucción.
El hombre no está preparado para lo peor, su ilusión desestima lo negativo como si fuera irreparable e injusto.
En momentos de confusión o de desaliento no hay que confundir los distintos momentos de experimentación. Se necesita de la claridad mental y de una voluntad de hierro. La voluntad puede hacer que el hombre supere graves situaciones.
Como nadie está libre de la adversidad, el hombre debe salir de su entorno íntimo y mirar a su alrededor, puede que, de esa manera, encuentre fuerzas que compartidas logren un mejor ambiente común.
Es difícil planificar para la adversidad aunque la misma se encuentre presente en casos tan graves y singulares como los de Chile y Europa occidental. Pero es posible pensar que los ratos negativos son parte de la vida.
La adversidad es el rostro más huraño de la vida. No es posible vivir pensando en ella. Pero sí lo es saber que dentro de la policromía de las experiencias comunes hay zonas de luz y zonas de sombras.
