Hoy celebramos el 194º aniversario de la heroica decisión de los congresales de Tucumán para declarar solemnemente la independencia nacional, el 9 de julio de 1816. Este trascendente hecho histórico cambió drásticamente el curso de la emancipación sudamericana y reafirmó el proceso revolucionario al despejar la confusa situación en que se encontraba un pueblo. Como señalaba agudamente San Martín en una famosa carta a Godoy Cruz, acuñaba moneda, tenía pabellón y cucarda nacional e, inexplicablemente, hacía la guerra al propio soberano de quien seguía formalmente dependiendo.
El Congreso de Tucumán tomó su audaz decisión en un momento sumamente dramático para la suerte de lo que hoy es la República Argentina. En Chile, la causa de la revolución había sido derrotada. Las fuerzas de España se encontraban triunfantes en casi toda América y en Europa, el absolutismo se recomponía alentado por la derrota de Napoleón. La Constitución liberal de 1812 había sido literalmente sepultada. El rey de España recibía felicitaciones calurosas de todas las cortes por el triunfo, que se consideraba definitivo, sobre los rebeldes americanos. Para que las dificultades fueran aún mayores, tropas de Brasil dominaban una parte del territorio uruguayo y amenazaban a Buenos Aires. A ese cúmulo de señales adversas, había que sumar la incipiente anarquía insinuada en el ex virreinato: se corría el riesgo de que algunas provincias se convirtieran en pequeñas repúblicas, desarticulando el espíritu de unidad de la naciente República. La situación no podía ser más desfavorable: América parecía dominada por las armas realistas.
En ese durísimo contexto, los hombres de Tucumán dieron al mundo, y a las generaciones venideras, una prueba admirable de coraje moral. La Independencia, cambió el curso de los acontecimientos y le dio a San Martín el respaldo institucional que necesitaba para su campaña libertadora. En lo interno, evitaron la disgregación y determinaron que las provincias se sintieran parte de una nueva y gloriosa nación.
Esta es la lección que los argentinos del Bicentenario debemos recoger. Mantener en alto la esperanza, afrontar los problemas con redoblado temple moral, y vivir la pasión por la unidad que crea la libertad responsable, son las actitudes que debemos exigir de nosotros mismos.
