El hambre y la malnutrición, en particular en las primeras etapas de la vida, son problemas mundiales que dejaron de estar circunscriptos en zonas bien localizadas del planeta sino se han expandido en el plano internacional, incluso en regiones con gran potencial de recursos alimentarios. El desequilibrio surge de políticas inapropiadas para atender aumento de la población y la iniquidad en la distribución de las disponibilidades para cubrir las necesidades básicas.
Según los datos surgidos de estudios de las agencias de las Naciones Unidas, en particular de los relevamientos anuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la FAO, la organización destinada a la agricultura y la alimentación, más de 800 millones de personas sufren hambre crónico, es decir un 11% de la población mundial, cifras del año pasado que lejos de disminuir pueden haber aumentando en el transcurso de los últimos meses.
El otro flagelo, es el de la subalimentación, la causa subyacente de casi la mitad de todas las muertes infantiles, con el agravante de que una cuarta parte de los chicos afectados sufre retrasos de crecimiento como consecuencia de la inadecuada alimentación. De acuerdo a los especialistas, las deficiencias de micronutrientes causadas por dietas que carecen de vitaminas y minerales, afectan a más de 2.000 millones de personas, a lo que deben sumarse otros 500 millones de adultos que padecen obesidad como resultado de una alimentación con excesos de grasas, azúcares y sal.
Frente a este panorama, urgen medidas estructurales sostenidas por políticas de Estado para lo cual tanto la FAO como la OMS ofrecen a los gobiernos diferentes planes para desarrollar políticas e inversiones en toda la cadena alimentaria que garanticen una alimentación saludable, variada y equilibrada para todos los sectores vulnerables de la población. Son medidas que pueden favorecer la producción y el procesamiento local de alimentos, en especial de los productores chicos y con las características de cada país, de manera que puedan intervenir directamente en el procesamiento e comidas escolares, por ejemplo, para brindar una alimentación saludable.
Los países con crisis alimentaria deben recurrir a estos planes internacionales para salir de uno de los peores azotes de la humanidad, el hambre.
