El representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el economista sanjuanino Raúl Benítez, anunció los avances logrados por América latina y el Caribe para derrotar el hambre con programas que son un ejemplo para el resto del mundo. Las metas alcanzadas llevan a que esta región cumpla anticipadamente la meta de reducir a la mitad este flagelo que es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas.
Según el informe, la erradicación del hambre en la región se ha fortalecido gracias a un nuevo enfoque, cuya característica principal es una visión más amplia de la seguridad alimentaria y nutricional. Los países han desarrollado diversos instrumentos de política pública para abordar los problemas sociales a corto plazo y producir cambios estructurales que entreguen soluciones permanentes en el largo plazo, explicó Benítez en la sede de la FAO, en Santiago de Chile.
De acuerdo al estudio, Latinoamérica se ha convertido en un verdadero ejemplo global de la lucha contra el hambre y su experiencia está siendo seguida de cerca por la comunidad internacional. No obstante y pese a los avances, alrededor de 37 millones de personas todavía padecen de hambre, lo que implica que el 6,1% de la población latinoamericana y caribeña tiene privaciones diarias. Pero hay un avance importante respecto del 15,3% (68 millones de habitantes) que padecía hambre en el trienio 1990-92.
Por ello Benítez estimó que de continuar la tendencia a la baja, la actual generación podría llegar a ser la última en sufrir hambre en la región. Entre los factores que explican el éxito de la eliminación del hambre se mencionan el crecimiento económico y la estabilidad política, además del nivel de compromiso que existe con la seguridad alimentaria con una diversidad de políticas públicas enfocadas en las poblaciones más vulnerables.
Habría que señalar, por otra parte, que el análisis de la FAO arroja cifras promedio que son alentadoras, pero llevadas a la situación de cada país revelan grandes distorsiones, como los altos niveles existentes en el Caribe y en el otro extremo las mejores condiciones de vida en países con elevado crecimiento. De allí la importancia de adoptar políticas y estrategias integrales para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional y el fortalecimiento de la agricultura familiar.
