El 1 de septiembre de 1972, en Reykiavik, Islandia, el norteamericano Robert James Fischer, se consagró Campeón Mundial de Ajedrez al derrotar al soviético Boris Spassky, en lo que se conoce como "El Match del Siglo” y puso fin al dominio que los rusos ostentaron en el juego real desde 1948. La Unión Soviética, tenía el convencimiento de que su supremacía en el deporte de la inteligencia demostraba la superioridad del sistema soviético sobre occidente. Pero subestimaron a "Bobby” Fischer, genio indiscutible del tablero y dueño de una personalidad disfuncional e irrepetible.
Durante ese match de 1972 el mundo entero siguió con atención el resultado de cada partida, ya que la lucha de un norteamericano y un soviético frente a un tablero de ajedrez simbolizó la pugna entre dos sistemas políticos antagónicos e irreconciliables por la hegemonía mundial.
Sin lugar a dudas que el mencionado match se politizó hasta el extremo, ya que luego de que Bobby perdiera las dos primeras partidas, el mismísimo Henry Kissinger, consejero de Seguridad Nacional del presidente Nixon, telefoneó a Fischer, conminándolo a cumplir con "su deber patriótico”. Por el lado de los soviéticos, cuando entendieron la amenaza que el yankee significaba para su campeón y su sistema político, desde el Kremlin, comenzaron a moverse hilos para conspirar contra "el Sheriff de Brooklyn” como apodaban a Bobby por entonces.
El match comenzó y se convirtió realmente en una síntesis de la Guerra Fría y las jugadas en el tablero se acompasaban con movimientos diplomáticos de todo tipo.
Finalmente, luego de un mes, "Bobby” destrozó al campeón soviético lo que significó un verdadero cataclismo para el mundo del "socialismo real”.
Había nacido un héroe. Sin casi apoyo externo de entrenadores, ni psicólogos el iconoclasta Fischer ascendió sin parar hasta arrancar la corona a los soviéticos y convertirse en el jugador de ajedrez más famoso de la historia.
Gracias a su aporte, el juego-ciencia se popularizó como nunca en la década del setenta.
Hoy, a cuarenta años de aquella épica batalla en tierra islandesa, el nombre de "Bobby” Fischer sigue presente entre todos aquellos que practicamos el juego de Caissa y a quien siempre recordaremos por su indiscutible brillantez sobre el tablero.
