Sin que se pueda hablar de un problema de desabastecimiento generalizado, los supermercados argentinos muestran algunos productos faltantes. En la mayoría de los casos, las dificultades se explican por las políticas en materia de controles de precios, que tornan menos atractivo al mercado local frente a la posibilidad de exportar o que llevan a los fabricantes a priorizar el desarrollo de nuevas líneas que no están alcanzadas por los valores que fija el Gobierno.
El aceite lidera los altibajos de abastecimiento, con la paradoja de que los supermercados de países vecinos muestran un grado de surtido de aceite argentino mucho más del que se consigue en un comercio local, aunque los problemas de faltantes se extienden cada vez a más rubros: desde yerba mate hasta cereales pasando por café instantáneo y líneas de tocador.
En el sector explican que las dificultades para encontrar marcas argentinas de aceite en el país no se deben a un problema de logística en la cadena de abastecimiento sino a los controles oficiales en materia de precios. De hecho, el aceite es uno de los pocos productos que figura con el precio en el envase, aunque en los hechos estos valores sólo los respetan las cadenas de supermercados. En los comercios de barrio, cuando se encuentra el producto, una etiqueta pegada a mano tapando el precio original, eleva el valor hasta un 40% del tope fijado por Guillermo Moreno. El caso del aceite es el emergente más claro de un proceso de desabastecimiento que afecta a un número relevante de artículos de la canasta familiar, resultante de una conjunción de factores que van desde los controles de precios que impone el Gobierno hasta las restricciones a las importaciones o problemas sindicales.
Según un estudio de GS1, la asociación que reúne a los principales supermercados y grandes proveedores para el desarrollo del sistema de código de barras, este año el nivel de faltantes en las góndolas argentinas alcanzó al 13,5% de la oferta, cifra que no supera el 8% o 9% en mercados desarrollados. En esferas oficiales se afirma que las asociaciones privadas que denuncian faltantes y mayores subas confunden al consumidor. Sin embargo, es por medio de una información variada y no sesgada que los consumidores pueden orientarse. El silencio o la información unidireccional provocan el efecto contrario.
