Día a día no deja de sorprendernos el singular perfil que el papa Francisco le ha conferido a su pontificado. Su estilo y sus iniciados cambios, deben comparase a la fuerte impronta que dejó el Concilio Vaticano II, convocado en 1959 por Juan XXIII y que continuara su sucesor, Paulo VI. Lo proclamado por este hecho liminar en la historia de la Iglesia, ha sido puesto en acción con todas sus cualidades por este nuevo pontífice.
Es indudable el cambio de tendencia puesto en acción, que no sólo son gestos y palabras, sino gestiones concretas o tangibles. Lo primero que llamó la atención es que le puso límite a todo boato o magnificencia que caracterizaba las antiguas tradiciones papales, como abandonar la residencia habitual -el fastuoso Palacio Apostólico- y trasladarse a la sencilla residencia de Santa Marta. El mismo se llama Obispo de Roma o un simple cura párroco, instando en ocasión de celebrar su primera misa crismal a que los sacerdotes dejen de ser simples gestores, "sino a ser pastores con olor a oveja en medio de su rebaño y pescadores de hombres+ como lo era Simón Pedro.
En esta orientación dio la autorización para que se beatifique al asesinado arzobispo de El Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero, ultimado en 1980 cuando celebraba una misa, defendiendo los derechos humanos.
Él mismo confiesa que es un hombre más, que ríe, se conmueve, tiene entrañables amigos o hasta tiene pecados. Posee un lenguaje claro, nada académico, y sorprende por sus actitudes repentinas. Igualmente es inédita su práctica de escribir o llamar por teléfono a cualquier hombre de la Tierra, preocupado por algún problema que lo aqueja. Las innovaciones implementadas se iniciaron desde la misma cúpula eclesiástica, con el propósito que se irradien hacia abajo. De esta manera la Curia es ahora un instrumento de asistencia, lo mismo se advierte en el intento de transparentar las cuentas del Banco Vaticano. También ha puesto en ejecución una política férrea en relación a todo aquel eclesiástico, cualquiera sea su jerarquía. En cuanto al contexto mundial, con conocimiento de causas, apunta que se está viviendo una especie de tercera guerra mundial, fragmentada.
En relación al "nuevo Vaticano+, en una historia eclesiástica de nuestro país, leí que desde sus comienzos la Iglesia rioplatense se caracterizó por ser la más romana de Latinoamérica. Parece ser que esta suerte de romanización ha mutado, pues ahora se ha producido una especie de argentinización del Vaticano, merced al perfil de este Papa. En este sentido este pequeño estado se ha imbuido de nuestra cultura, desde las banderas argentinas que flamean, hasta los mates que recibe complacido o la celebración de la afamada Misa Criolla, realizada meses atrás. Este tema, los expresados y otros tantos, que por ser contemporáneos, quizá no advertimos en su justa medida, pero dándole tiempo a la historia a través del tiempo, se apreciara con juicios certeros.
(*) Magister en Historia.
