El estado precario de numerosos edificios escolares en nuestra provincia, ha generado protestas con acciones directas de alumnos y sus padres, con el agravante de paralizar a la vez el normal dictado de clases. Si bien son reprochables estas manifestaciones de fuerza que ocasionan perjuicios a los educandos al no poder completar el calendario del ciclo lectivo, también es atendible que en las condiciones de esas dependencias es difícil desarrollar actividades.
Sorprende que los directivos de los establecimientos, las autoridades educativas y hasta los intendentes departamentales, donde se han producido los paros, no hayan advertido a tiempo la necesidad de contar con los servicios básicos, como electricidad, agua corriente y gas. Sin sanitarios y sin calefacción, por ejemplo, además de otros elementos básicos, es inhumano someter a los chicos y al personal docente a los rigores climáticos de temporada.
Son los casos de las escuelas Gonzalo Doblas, en Caucete, donde se improvisaron fogatas para mitigar el frío; de la Agrotécnica Cornelio Saavedra de Rodeo, con vidrios rotos en las ventanas, falta de bancos y baños clausurados; en la EPET 9 de Ullum, por causas similares, como también en tres establecimientos de Jáchal. Se suma la negligencia que ignora el riesgo en las tareas de la bodega y talleres de la Escuela de Enología con maquinarias rotas o de funcionamiento peligroso, ocasionando heridas a un alumno que debió ser hospitalizado. En este establecimiento-fábrica, los problemas son de tan antigua data que la última generación de graduados cursó todos los años haciendo prácticas en las mismas condiciones de las actuales.
La infraestructura de la escuela pública, en sus diferentes jurisdicciones y niveles exhibe en San Juan situaciones que no pueden atribuirse a la falta de presupuesto sino a omisiones y desidia, desde los que deben elevar a sus superiores los pedidos de mejoras y mantenimiento, hasta los responsables de ejecutar el gasto. Ahora el Ministerio de Educación se ha comprometido a realizar los trabajos requeridos para superar la emergencia, pero también se recuerda que antes de comenzar el presente año escolar se dijo que todos los inconvenientes habían sido solucionados a fin de garantizar el normal dictado de clases.
Los hechos demuestran lo contrario, no se trata de demoras de mantenimiento sino de colapsos estructurales propios de un descuido prolongado.
