La calificación de "civilización de la pobreza" manifiesta de algún modo el sentir del espíritu contemporáneo ante la realidad actual. No obstante, resulta paradójico hablar de pobreza en tanta opulencia tecnológica.

Pero si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad es "el espíritu de pobreza" (o el "espíritu de la ligereza" llamado así por Gilles Lipovetsky, o el del "hombre light" de Enrique Rojas). Este sentir social de miseria se plasma en la bronca y desconformidad general a muchas cosas, que deberían mejorar, pero que no mejoran. Esta sociedad cada vez más empobrecida de ideas, recursos, principios, de una salida a la crisis, o de como ustedes quieran llamarlo, se ven en 5 puntos claves: 

1- La visión frívola: es la que se ve en la moda. En los arreglos aparentes. De cáscara, pero no de fondo. Sólo en los modelos artificiales de apariencia y liviandad que no llevan a las soluciones de lleno. Precisamente, a ello lo vemos cuando uno apunta a solucionar un problema de crisis particular, en la cual primero debe observar el entorno, para luego ir al problema en concreto. Si alguien pretende arreglar los problemas laborales, educativos, discriminación, inseguridad, violencia, es necesario ver el origen de la causa real de los problemas. 

2- El peso de las cosas: la angustia en la cual la sociedad se encuentra hacen que las distintas situaciones se vivan de una manera más alarmante y estresante. Ello, ya no resulta un problema personal, sino social.

En la civilización de la pobreza, el trabajo que debería dignificar al hombre por ejemplo, ya no resulta algo natural, sino un verdadero problema. En la civilización de la pobreza todo es visto como un problema sin salida. Los antiguos sabían dejar el peso fatídico de las cosas diarias para encontrar una salida en la vida. Nosotros nos ahogamos en la cotidianidad. 

3- La pobreza cultural: es aquella que crea ideas aparentes. Artistas provisorios. Programas distractores. Famosos de temporadas. Intelectuales de momento afines a las ideas de turno. El placer momentáneo al desgaste del esfuerzo. La pobreza cultural es la que impide el echar a volar para poder sustraerse del peso de la vida. Es la que legitima más al ídolo furor del momento al profesor visto como aburrido.

4- La pobreza espiritual: es la que busca el consuelo oportuno. Llenar el corazón de consumo para aliviar el estrés. Las religiones sin Dios. Todo tipo de práctica placentera para aliviar las penurias: sexo, mantra, yoga, productos nuevos de furor, o la fiesta loca hasta reventar.

Ahora, los políticos necesitan bailar frente a un escenario para no quedar como pobres, frente a una sociedad que necesita de la droga del ritmo para no flaquear. "La religión aporta remedios para los males que ella misma había creado", decía Nietzsche. Y, es que la nueva civilización actual ha creado su propia religión incapaz de encontrar los remedios, para la misma pobreza de costumbres que ella misma se impone o avala. 

5- Crisis sobre crisis: la palabra crisis resulta casi normal a nuestro vocabulario cotidiano. Es que el hombre de hoy desde hace varias décadas entró en crisis.

La crisis ambiental, de recursos, ética y existencial. Ahora, la crisis sobre crisis, desnudan más al vacío, impotencia, la inoperancia del estado, la liviandad con la cual se tocan los temas, el hambre, exclusión, discriminación, y más pobres, sobre pocos ricos, riquísimos, y cada vez más riquísimos.

La palabra crisis le da el poder al rico para cargar sobre las masas la impunidad augurando que los nuevos ricos jamás serán tocados. Ahora la crisis es la de "El gran vacío", que constituye un estado peor al de la crisis histórica, por ser un estado de desorientación pura. La consecuencia del gran vacío, es la que visibiliza la pequeña era del terror actual.

Para ser más preciso, el temor contemporáneo, viene aparejado por el sin sentido, "el liberalismo libertario", todo vale, cualquier cosa da igual, o que nada de esto puede cambiar. La pobreza en general es la que crea la violencia, bronca, aquella de los huérfanos sin trabajo, marginados. 

"La civilización de la pobreza" surge de la tensión de crear seres inteligentes, libres, y de conocimiento eficaz, frente a un mundo que promueve ideales de tipo individualista, chato, indiferente. La tensión surge en esta búsqueda de exitismo personal a cualquier precio, que nos permita salir de la pobreza material, pero que nos alejan más del otro.