Una de las grandes causas de la inflación. y por ende del desequilibrio económico, que sufre la Argentina es el superpoblado aparato estatal por el exceso de personal en todas las jurisdicciones, sean nacionales, provinciales o municipales. Como en todo régimen populista, en la llamada ‘era kirchnerista” la estrategia de bajar la tasa de desocupación por el estancamiento de la actividad privada, fue compensar los índices del desempleo con más nombramientos en el gobierno.

El descontrol estatal comenzó a partir de 2005, con una curva demagógica ascendente, hasta llegar a 2015 con la nómina de 1.400.000 empleados públicos, que le insumen al Estado nacional y a las provincias y municipios 480.000 millones de pesos por año, ya que por cada estatal se debe pagar $28.600 por mes y $343.000 anual según las últimas actualizaciones salariales.

Los números de los presupuestos no cierran y, consecuentemente, si no hay superávit fiscal para pagar se debe recurrir a la emisión monetaria, una de las grandes causas de la inflación. Para tener una idea de este gasto honeroso, vale comparar que con la mitad del gasto anual en los nuevos empleados nombrados en la gestión anterior, se podrían pagar los 187.000 millones de pesos adeudados a los holdouts. Si bien se siguen depurando las plantas de personal en diferentes ámbitos estatales, y las bajas producidas han reducido el gasto en unos 2.800 millones de pesos por 10.921 cesantías (1,4% de todo el personal), el rojo es preocupante ya que sin haber superávit quedan dos caminos: endeudarse, o elevar la carga impositiva.

Este contexto revela otra mentira de la década pasada, porque el empleo público se aceleró a partir de 2007, al estancarse el empleo privado, cuando se agotaron las buenas condiciones externas para la producción y la incidencia de los costos internos, como los altos costos salariales que volvieron menos competitiva la productividad frente a la oferta regional. Se sumaron la imposibilidad de las multinacionales de girar dividendos a sus casas matrices, las restricciones para importar y exportar y el constante cambio de reglas de juego por la nefasta intervención de la secretaría de Comercio Interior.

Por eso tanto insiste el presidente Macri en la reactivación del aparato económico. Con trabajo genuino no hacen faltas planes ni sobrevivir con la beca del cargo público.