
Con las primarias encima, se multiplican las recorridas, los actos, las propagandas. También las agresiones entre los candidatos, que se ponen más violentos aun, con quien le compite en la interna. En realidad, esto es lo que se define, quien irá a la general por cada partido. Pero es inevitable poner un ojo también en la suma individual de cada candidato, y los porotos que juntan entre ambos, para tener una idea de lo que puede ocurrir en la madre de las batallas, que será en octubre. De paso, la divisa norteamericana aguarda con nerviosismo el resultado final del domingo próximo, para medir la distancia, más corta o más larga, del salto que inevitablemente va a dar. Y con ella, la inflación.
Errores que pueden tener un alto costo
En Juntos por el Cambio, los yerros corren a una velocidad superior a los aciertos. Por supuesto que haciéndole un inesperado favor al oficialismo, que también mete sus propios goles en contra. Un ajedrez de piezas descontroladas, casi imposible de descifrar. No se entiende, por ejemplo, la necesidad que tenía María Eugenia Vidal por manifestar públicamente su preferencia por Rodríguez Larreta. Agregó nafta, a un fuego que viene ardiendo hace rato en la oposición.
Mauricio Macri le saltó en cruz y habló de la "imagen muy desdibujada” de Vidal que, tal vez inoportunamente, ejerció un derecho legítimo que todos tenemos. El de elegir. Eso convierte al ex presidente, en una especie de gran hermano, que juzga, condena o perdona, desde un ángulo observador. Empeorada esa imagen por el hecho de estar continuamente viajando por el mundo. Acababa de llegar, cuando ejerció ese dedo acusador sobre la ex gobernadora, y mañana lunes partirá nuevamente, para dar una conferencia sobre liderazgo en Santo Domingo. Justamente Macri, quien siendo fundador del PRO, y ex presidente de la Nación por ese partido, se inclina por una fracción, desafiando la equidistancia que debe observar un verdadero líder.
Porque, en realidad, ¿a cuánta gente puede arrastrar Vidal? No lo sabemos, pero se nos ocurre que no es una dirigente de un peso específico importante, aunque pudo tenerlo en su momento.
Rodríguez Larreta, que en todos los pronósticos figura debajo de Patricia Bullrich, agradeció ese apoyo, como así también el de Facundo Manes. Otro que no exhibe un caudal interesante que haga mover la aguja. Bullrich, al ser preguntada por la novedad del "noviazgo” entre Larreta y Vidal, solo se limitó a contestar, con desdén, "son dos votos menos”. No le dio trascendencia y calmó la ansiedad de los propios. Al mostrar, o simular, indiferencia, se puso por encima de su adversario y al final salió ganando.
Como salió ganando también, cuando fue agredida por un grupo de militantes kirchneristas, sobre todo mujeres, en San Luis. Con insultos, escupitajos y al grito de "que se vaya”, la rodearon e hicieron de ella una víctima indefensa, que enfrentó el escrache con altura.
Eso, a los ojos del votante independiente, le hizo ganar puntos. Y así es como va ganando porotos, amparada en las metidas de pata de su contrincante. A pesar de que éste se presenta como un pacificador, de amplio espectro, dialoguista, y aglutinante de opuestos, nadie puede olvidar, menos el radicalismo cordobés, su intento de aliarse con el principal adversario de Luis Juez, quien finalmente perdió las elecciones a gobernador por tres puntos, a manos del peronismo de Juan Schiaretti. Una pifiada histórica del Larretismo, herida que no cesará de sangrar por mucho tiempo.
Es inevitable poner un ojo también en la suma individual de cada candidato, y los porotos que juntan entre ambos, para tener una idea de lo que puede ocurrir en la madre de las batallas, que será en octubre.
Es inevitable poner un ojo también en la suma individual de cada candidato, y los porotos que juntan entre ambos, para tener una idea de lo que puede ocurrir en la madre de las batallas, que será en octubre.
Sergio Massa se mostró nervioso e intolerante
Por el lado del oficialismo todo es complicado también. A esta altura, Juan Grabois se ha convertido en una verdadera piedra en el zapato para Sergio Massa. A quien ha vuelto a descalificar como un extraño. Massa se mostró nervioso e intolerante, en una entrevista callejera que le hicieron en un distrito francamente opositor al kirchnerismo, como es Córdoba. Mantuvo un altercado con un periodista local, que le preguntó su opinión por la suba del dólar y la inflación. Massa lo fustigó con un altanero "no se haga el picante con esa pregunta”. Y le endilgó falta de respeto. Plato servido para el periodista, que no hacía otra cosa que cumplir con su trabajo. Preguntar.
Ocurre que cuando no se tienen respuestas, uno de los modos de escapar es haciéndose el ofendido. Ahí quedó mal el Ministro y candidato a Presidente, exhibiendo la difícil coyuntura a que lo somete esa doble condición. Ni el mejor equilibrista podría sortear ese obstáculo, con el vacío amenazando a ambos lados.
Para colmo, Cristina ha dejado de acompañarlo en sus actos, contradiciendo los ruegos de Máximo, que clamaba porque se sumara a la campaña. Sería una catástrofe si, como se especula, ahora se expresara abiertamente en favor de Grabois, quien representa genuinamente el movimiento nacido de la mano de Néstor, su fallecido esposo.
Son cada vez más abrumadoras las manifestaciones públicas de la militancia, en este sentido. El cómico Dady Brieva así lo confesó ante la prensa uruguaya, que lo sometió a un interrogatorio inquietante. "Si, es lo que había”, dijo resignado refiriéndose a Massa.
Los uruguayos, que le habían cancelado sus presentaciones, se cobraban así los dichos despectivos de nuestro presidente, sobre "los hermanos menores” y que "en Montevideo abres una canilla y no sale agua”. Hay que hacerse cargo de esas movidas de pieza. En el ajedrez, las negras también juegan. Como se ve, la larga cuesta hacia las PASO se empina en el tramo final.
Por Orlando Navarro
Periodista
