En tiempos de crisis económicas con gran impacto social por la caída del empleo, el salvataje personal responde a la creatividad para sobrevivir con ideas renovadas que llevan a incursionar en campos comerciales insospechados para los decididos. Los altibajos cíclicos incentivan en la Argentina a los emprendedores de tal manera que tenemos una de las tasas de creación de pequeñas empresas más altas del mundo, pero también la inexperiencia competitiva es inversamente proporcional, con solo un 10% de éxitos al cabo de los seis años de inicio.
No obstante, nada parece imposible para los jóvenes emprendedores, incluso frente a la inflación de estos momentos y las dificultades para obtener financiamiento barato y a largo plazo. Tampoco están solos, ya que el panorama político actual les es favorable para concretar los planes innovadores, como señala la Unión Argentina de Jóvenes Empresarios, una asociación civil sin fines de lucro destinada a promover la creación y el desarrollo de empresas comandadas por jóvenes de entre 18 y 40 años de edad, para contribuir al pleno empleo, llevando valor agregado al mundo. Es más, se identifican como miles de jóvenes de todos los rincones del país que todos los días levantan la persiana de sus empresas, convencidos de que con la suma del aporte de todos se construirá una sociedad mejor.
La actual coyuntura económica y política obliga a los emprendedores a mirarse en el espejo de la crisis de 2001, tal vez la peor de la historia del país, cuando millones de personas se quedaron sin trabajo e intentaron sobrevivir de alguna forma y sin un gobierno en el horizonte cercano que les brindada una esperanza, muy diferente a lo que ocurre ahora, y aún así salieron a flote gracias a un empuje admirable.
En el Congreso Global de Emprendimientos 2016, realizado el mes pasado en Medellín, Colombia, del que participaron pequeños empresarios innovadores de más de 150 países, se destacó que el emprendimiento es una fuerza poderosa para sacar a las personas de la pobreza y herramienta de movilidad social hacia el progreso. Para ello es fundamental el papel del Estado en la promoción de los intereses de los emprendedores, cooperativas, micro, pequeños y medianos empresarios, y de todos los actores de la economía social y solidaria que apuestan al crecimiento con el esfuerzo y la creatividad.
