De la realidad crítica que constantemente amenaza a la humanidad por crisis fenoménicas, políticas, económicas o financieras, o por la guerra donde el odio se enquistó por siglos, se deduce que nadie está exento del efecto que puede resultar concluyente en la proyección de una comunidad distante a miles de kilómetros de un hecho determinado. Importa siempre, en estas etapas trascendentes en la vida de los pueblos, que además del pensamiento y decisiones que asumen los gobiernos comprometidos y sus dirigencias, exista y trascienda también el análisis del pensamiento desde las distintas parcialidades del mundo, que pueden contribuir con la idea generosa a abrir caminos y definir situaciones. Durante los tiempos del génesis de la moldeada globalización, ya se hablaba de que lo que ocurría en un polo del mundo, repercutía e influía inmediatamente en el otro.

Dejó de ser esta apreciación una cuestión de percepción, solamente, para transformarse en una realidad vivencial inmediata que suele, incluso, estar sujeta a la velocidad de la noticia. Esta "evidencia global del efecto”, se manifiesta, por ejemplo, palmariamente en el comportamiento de las bolsas, que suelen mancomunarse en las bajas o subas en similitud en todos los continentes. La comunicación y la posibilidad del conocimiento puntual de la dinámica universal, no sólo nos hace pensar que el magno planeta es cada vez más pequeño, sino que nos obliga a comprometernos en la solución de los problemas en la medida que la comprensión nos indique, en el marco respetuoso de la soberanía de cada Estado, que la indiferencia sobre el prójimo habitante terrenal, cualquiera sea la distancia o lugar donde exista, dejó de ser un individuo aislado o distante.