La crónica dirá que un Ministro de la nación, renunció vía Twitter. Que envió el mensaje en medio de un acto político, como midiendo los efectos colaterales de su dimisión. La crónica dirá que era un hecho probable, pero en el cuándo incierto. Que mientras esto ocurría, las más altas autoridades disfrutaban de un apacible sábado. ¿Ajenos al episodio? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos con dolorosa certeza, es que nunca estuvieron tan ajenos al pueblo. Un portón verde rodeado de cámaras y micrófonos, era la valla entre ellos y nosotros. A partir de allí, todo fue improvisación y estrepitoso silencio. No hubo un solo rostro visible que empatizara con nuestra desazón.
LA PATRIA, ¿ES EL OTRO?
"La patria es el otro", solía recitar cual credo político, la ex Presidenta de la República. Frase que expresa una concepción del poder en su vinculación con la ciudadanía. En esta mística construcción del poder, el "otro" es el pueblo que me define y afirma. La otredad es un concepto que abreva sus raíces en la ética de la alteridad del filósofo Emmanuel Lévinas (1906-1995) Yo no soy yo sin ese otro que me da identidad y completud en la alteridad y diferencia. Alter incluso desde su etimología, habla de la divergencia de un elemento respecto de otro dentro de un par. Alter y ego (el otro y yo) se contraponen, pero al mismo tiempo se definen de manera relacional. Necesito del alter, del otro, de esa diferencia para definir mi yo. Es como mirarme al espejo y la imagen que me devuelve, sea la contracara de mi yo completándome en esto que soy.
Ahora bien, aplicada la alteridad como paradigma de construcción de poder, nos lleva a una conclusión inevitable: no hay poder sin ese otro. Sí tal como se afirma desde lo discursivo, "La Patria es el otro", es impensable un poder democrático sin el otro. La ciudadanía es ese alter que debe estar presente en el ejercicio cotidiano del poder. Desde esa particular perspectiva, el pueblo asume un rol activo. Es ese otro que, en las diferencias existe para completarme y no para negarme. Alejarme de él y de su realidad, es olvidar que el poder no existe sin ese otro al que llamamos pueblo. Lo mismo sucede cuando desde el poder se gobierna solamente para el sector afín a mis ideas, o lo que es peor cuando cancelo al otro porque es diferente. Siguiendo la metáfora, sería como romper el espejo porque me devuelve una imagen distinta a mí.
LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA ALTERIDAD
La primera consecuencia ética de esta filosofía de la alteridad, es aceptar que el "otro" siempre tiene un rostro. Es un "alguien" nunca un "algo" que se pueda dominar y poseer. De allí que el primer deber ético del poder frente a ese rostro que se sitúa frente a mí, es el de respetar su libertad, como contracara de la libertad que el poder expresa. De modo tal que su libertad no es concesión del poder sino su límite.
De esto se deriva la segunda consecuencia ética, la necesaria comunicabilidad con ese otro situado ante mí. Sí de verdad pienso que "La Patria es el otro", ese otro es el pueblo representado en cuarenta y siete millones de rostros, con quienes me tengo que comunicar y empatizar. El vínculo relacional entre poder y pueblo requiere comunicación y diálogo. Nada de esto sucedió en los hechos acaecidos el pasado sábado. Al parecer ese día "el otro" (nosotros) ya no era "la patria". Paradoja del destino que ello sucediera en la semana que celebramos el 206¦ aniversario de la patria soberana.
Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
