Ya nada puede asombrar a quienes tenemos alguna experiencia, que hemos visto pasar mucha agua bajo el puente o que conocemos un poco de la historia de nuestro país.

Esta última página que escribieron los inadaptados "ladronzuelos” que se dicen simpatizantes de Sportivo Desamparados se suma a otras producidas por otros delincuentes que visten desafiantes la camiseta de Unión de Villa Krause, la de los otros vándalos que varias veces hicieron parar los partidos de San Martín, o aquellos que llegaron de Mendoza para romper las instalaciones del estadio del Bicentenario. Estos por citar algunos de los últimos acontecimientos que han sucedido por estos lares.

Pero esto no es de ahora: recuerdo otros muchos, y de muestras rescato de mi memoria la agresión de los sanjuaninos al colectivo de las selección mendocina de fútbol allá por el mil novecientos cincuenta y tantos. Fue un partido "amistoso” en el estadio del Parque, con el arbitraje del inolvidable Rebollo. A los 20 del primer tiempo se produjeron los encontronazos de los jugadores, revuelo, piñas van, patadas vienen y final del partido. Después de casi una hora en el medio de la cancha los mendocinos salieron acompañados de la policía hasta el colectivo. Tuvieron el error de partir por la calle Victoria (Hoy Urquiza) que era empedrada, y allí estaban esperando los agresores. Lo demás no hace falta detallarlo. Siendo niño fui testigo presencial del hecho.

Cuantas veces los sanjuaninos fueron a un partido de fútbol o a un Argentino de hockey sobre patines a la vecina provincia; agresiones por todas partes y hasta de la misma policía.

La sociedad argentina, tanto en lo deportivo, como en lo político, gremial, religioso o en lo que se nos ocurra pensar está enferma con este mal que parece no tener cura y que día a día se torna peor: la locura de la violencia a la que se suma el odio.

Han habido decenas de muertos por el accionar de los barrabravas en Buenos Aires, Rosario u otras ciudades argentinas.

Cientos de muertos, heridos o golpeados en manifestaciones sociales o políticas que desde hace años son cosa común en el país.

Y sigue la violencia. Va ganando terreno permanentemente y nadie hace nada por solucionar el problema. Y no es la primera vez que me refiero a estos temas, especialmente los deportivos, pues gran parte de mi vida activa me desempeñe como periodista y fui acérrimo critico de estas situaciones.

La violencia genera mayor violencia, porque desata odios y el odio aturde los sentidos y ese accionar del enceguecido por su pasión no mide consecuencias.

Me comentaba un joven argentino regresado de la ahora destruida España, que después de tantos años de vivir en Europa nos ve con un pensamiento distinto al que tenía cuando se fue. "Los argentinos se miran como enemigos si tienen pensamientos distintos. Es una sociedad dividida por el odio a los que tienen el poder, a los otros porque no los saben defender”.

Quienes tienen en sus manos la posibilidad de comenzar a cambiar esta situación que produce una inmensa pena deben comenzar a pensar y ponerse a trabajar para terminar con este caos que nos está envolviendo y torturando nuestros sentidos.

Porque con esta violencia desenfrenada en uno u otros sectores de la sociedad ya no sabemos quien dice la verdad, quien miente, quien dice verdades a media o quienes tienen la dialéctica para hacer pensar una cosa sin acusar ni aclarar un tema.

¿Seremos quizá una sociedad clasista?, ¿Seguiremos ignorando que despreciamos a los inmigrantes o a los "negritos” de las villas? Hay tantos interrogantes que me costó mucho decidirme a escribir estas reflexiones. Pero, aún tengo esperanzas…

(*) Periodista.