El superordenador más potente del mundo se llama Fugaku y está en Japón.

Asociamos a la Inteligencia artificial a la increíble capacidad que tienen hoy las computadoras para procesar millones de datos en pocos segundos.

Hace unos meses en Japón se presentó la computadora más potente del mundo, capaz de procesar 415.000 Teraflops (415.000.000.000.000.000 de cálculos en un segundo). Si todos los habitantes del mundo hoy pudieran competir con esta mega computadora demoraría 640 días en hacer entre todos lo que la máquina resuelve en un solo segundo. Sin embargo, esta increíble capacidad para procesar datos y que tanto está ayudando a los humanos a descifrar situaciones imposibles sin su asistencia, no las habilita para predecir qué va a suceder en el futuro. 

Las máquinas todavía trabajan sobre lo conocido, que son los datos que se les ha cargado o los ha tomado de la nube y allí pueden destacarse sobre los humanos por el volumen, la capacidad y velocidad de procesamiento. 

Que la inteligencia artificial pueda predecir el futuro alimentándose de los datos del pasado sólo sería posible si el futuro fuera una simple proyección de aquel tiempo, pero no siempre el conocimiento de lo sucedido, asegura que se pueda conocer lo que va a pasar.

Ninguna máquina por más poderosa que sea, pudo anticipar lo que iba a suceder, ni prevenir la pandemia y los científicos, a pesar del gran aporte de la Inteligencia artificial, han tardado más de un año en producir la vacuna contra el Covid-19. 

El principal desafío de estos profundos cambios epocales es aprender lo que todavía no sabemos porque el conocimiento del pasado no es suficiente para anticipar el futuro que no tiene, como el pasado, respuestas conocidas. 

Por eso se nos pide dramáticamente que seamos innovadores y se ha difundido la idea de que más importante que lo que uno sabe o conoce, es lo que es capaz de aprender. Todo lo que nos "ata" al pasado nos quita capacidad para anticiparnos al futuro.

No es que se desvalorice la historia. Gracias a ella la humanidad ha llegado hasta aquí, y es el punto de partida para el comienzo de lo nuevo, pero el futuro nunca existió todavía y hay que imaginarlo, adivinarlo o simplemente esperarlo.

Lamentablemente, el conocimiento del pasado no nos alcanza para afrontar los desafíos del cambio vertiginoso al que debemos agregar temas nuevos como son por ejemplo el tema climático, la identidad de género, la transformación de todos los trabajos, y el aumento de la desigualdad, por mencionar sólo algunos.

Es un tiempo complejo pero apasionante, donde parece más perentorio que seguir buscando respuestas, clarificar cuáles van a ser las nuevas cuestiones que los humanos tendremos que enfrentar en el futuro.

En este contexto es bueno que nos preguntemos: ¿Tengo conciencia de estos nuevos desafíos a los que me enfrento? ¿Cómo puedo anticiparme? ¿Cuáles son las preguntas que debería formularme?

Estos son los desafíos que nos impulsaron a diseñar la Maestría en Gestión de Nuevas Tecnologías para crear un espacio de reflexión y compromiso que nos permita anticiparnos al futuro.

 

Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad en Educación del Espacio Excelencia
y de la Maestría en Nuevas Tecnologías de la UCCuyo