
En este itinerario del amor que venimos desarrollando en artículos anteriores, se presenta a los esposos el desafío de la adolescencia en los hijos. Escribe el Papa Francisco: "la crisis de la adolescencia del hijo, que exige muchas energías, desestabiliza a los padres y a veces los enfrenta entre sí" (AL,235).
La adolescencia es una etapa particularmente problemática para las familias porque se producen grandes cambios en todos los integrantes del núcleo familiar y en la relación de éstos con el exterior. El adolescente sufre o "adolece" una gran crisis de crecimiento: dejar de ser niño para transformarse en adulto.
Por un lado, por acción de las hormonas sexuales que aumentan bruscamente, cambia físicamente con rapidez, su cuerpo se "desarrolla" y aparecen los caracteres sexuales secundarios bien definidos que lo aproximan cada vez más al mundo adulto.
Por otro lado, hay grandes cambios emocionales: abandona la imagen idealizada de los padres que tenía antes; adquiere un mayor grado de autonomía y libertad en lo emocional y mental; adquiere una gran relación con sus pares, "abandonando" a sus padres y formando su nuevo "grupo", que pasa a ser primordial en la vida del adolescente; incrementa el espacio geográfico donde se mueve, etc.
Todo esto genera cierta rebeldía y autonomía, por lo que el adolescente se torna un ser difícil de comprender y manejar por parte de los padres, la familia y la sociedad en general.
A pesar de ello, para el adolescente es importante el amor, la comprensión y la presencia de límites firmes por parte de sus padres porque en su inseguridad, lo hacen sentir seguro y amado incondicionalmente. Pero esos límites tienen que tener la posibilidad de renegociarse de acuerdo al crecimiento de los hijos, otorgando espacio para ello, teniendo la posibilidad de recurrir a sus padres cuando los necesiten.
Por el contrario, la ausencia de límites hace que el adolescente se sienta solo, abandonado, desamparado y da lugar a que aparezcan conductas de riesgo con el propósito de captar la atención de sus padres.
La crisis de la adolescencia de los hijos generalmente coincide con la "crisis de la mitad de la vida" de los padres, donde hay una evaluación de todo lo realizado hasta el momento en todos los planos, con la aparición de frustraciones, desengaños, dolor, por lo no conseguido en la vida.
Puede que los cónyuges, negándose a envejecer, traten de mimetizarse con los hijos adolescentes, adquiriendo una fisonomía y comportamiento semejante y transformándose en "compinches" de ellos, sin una clara diferencia de roles, dejando "huérfano" de límites al adolescente.
Podemos señalar los siguientes retos en esta etapa: dificultad de los padres para poner límites adecuados al volverse "compinches" de sus hijos; dificultad para aceptar el crecimiento y desarrollo del hijo y permitir la salida (desprendimiento) del seno familiar, manteniendo una actitud controladora de la niñez, que busque retardar la independencia del joven, generando tensiones y discusiones; apresurar el proceso de separación de los hijos para que trabajen y se desliguen de la familia; aceptar el paso del tiempo como la evolución natural del ciclo de la vida.
Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar. Bioquímico legista. Profesor en Química.
