Argentina fue seguramente el más adelantado discípulo que tuvieron los ingleses en todo el mundo, respecto de la práctica del fútbol (del inglés football), también llamado balompié. Primero, desde los colegios y luego de todos los potreros del país comenzaron a surgir jóvenes que tenían una genial comunión con la pelota. Fue así como empezaron a aparecer grandes jugadores, a fundarse clubes y a sumarse los títulos.

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) es la más antigua de sus pares de Sudamérica (1891) y la octava del mundo.

Como otros juegos, el fútbol tiende a inspirar una rivalidad intensa entre los seguidores de los clubes y de las selecciones nacionales. Por ejemplo, los hinchas daneses introdujeron la moda de pintarse la cara con los colores de los clubes o de su selección nacional. Los cánticos y el uso de los instrumentos musicales también son característicos de las multitudes del fútbol moderno. En Brasil y otros países latinoamericanos, las danzas de los espectadores al sonido de tambores son frecuentes, habiéndose acuñado el término de "fútbol samba". La "ola" mexicana ha sido adoptada en muchos otros deportes.

¿Qué sería de uno si no tiene un equipo o unos colores por el cual sufrir, llorar o reír?

Todo futbolero recuerda la primera vez que fue a ver al equipo de sus amores, el día ese en que su equipo le dio la primera gran alegría de su vida o la primera vez que lo hizo llorar y la primera que lo decepcionó.

El ser fanático de algún equipo de fútbol en Argentina puede determinar el trato con los demás y la elección de nuestros amigos. Según nuestro equipo gane o pierda, el lunes se define nuestro estado de ánimo.

Fanático es "quien manifiesta celo excesivo por deporte, una religión u opinión". Se trata de un entusiasmo ciego, torvo, exagerado y desmedido. En el ámbito del fútbol implica una suerte de obcecación y deslumbramiento que mueve a entregarse irracionalmente a un determinado equipo o bando.

En nuestro país, según los hinchas, el fútbol es una pasión, un sufrimiento debido a una afición vehementemente irracional. El verdadero fanático del fútbol va a la cancha los fines de semana a disfrutar de un deporte, de algo que le apasiona, lo exalta y lo entusiasma. Es como el lector que se sienta a leer un buen libro.