Brasil, al igual que otros países de la región, afronta un grave déficit fiscal que lo está obligando a tomar medidas conducentes a lograr el equilibrio de sus cuentas públicas. Para ello acaba de anunciar millonarios recortes de fondos en distintas áreas de gobierno, por valores que superan los 44.000 millones de reales, más de 18.000 millones de dólares. Con esto se habla de la posibilidad de regularizar la situación financiera del país y garantizar la meta de superávit fiscal impuesta para este año.

Las restricciones incluirán a todos los sectores de gobierno, a excepción de los recursos destinados a educación, salud, desarrollo social y ciencia y técnica.

Según las autoridades de área económica, el plan prevé un recorte presupuestario con el objeto de alcanzar una consolidación fiscal, que será la que haga posible una reducción efectiva de la inflación, contribuyendo con el crecimiento sustentado del país.

Durante 2013, Brasil se impuso un recorte presupuestario del orden de los 38.000 millones de reales, unos 15.800 millones de dólares, lo que evidentemente no alcanzó, por lo que para este nuevo ejercicio la suma fue ampliamente superada, ante la necesidad y la urgencia de cumplir con las metas fiscales.

Trasladando esta situación a nuestro país, la Argentina también requiere de una urgente reducción del gasto público, ya que es un hecho que el elevado déficit fiscal ha provocado un rebrote inflacionario difícil de detener.

El ejemplo de Brasil debe ser una muestra para todos los países de la región, ya que implica asumir una férrea posición respecto del gasto público, sacrificando algunos objetivos cortoplacistas, a cambio de un propósito superior, que es el de controlar la inflación y reencauzar el rumbo del país.