En el transcurso de este siglo se han producido situaciones atípicas que han frenado el crecimiento mundial, a pesar del desarrollo que venían experimentando las economías más avanzadas y las perspectivas favorables en las naciones emergentes por la demanda de materias primas de la colosal productividad china. Pero las graves crisis en esta década, más el impacto del envejecimiento poblacional, entre otros, alteraron los índices favorables.

Hasta hubo opiniones que los vientos favorables en Latinoamérica capeaban el temporal de la economía mundial, pero las repercusiones se observan ahora con preocupación. Esto lo revela un estudio bianual del Fondo Monetario Internacional (FMI), base de las discusiones de los consejeros de los bancos centrales del mundo, en la próxima semana en Washington, junto con el Banco Mundial a fin de diseñar políticas para impulsar el crecimiento económico global.

El problema se centra en la secuela de la crisis financiera de 2007 a 2009 y es probable siga repercutiendo durante años, lo que implicaría que las tasas de interés deberían mantenerse bajas por bastante tiempo, en particular en las economías emergentes, para favorecer la inversión en infraestructura, eliminar la regulación excesiva y mejorar la calidad de la educación.

La evolución potencial, que mide la velocidad a la que pueden crecer las economías en el tiempo sin encontrarse con obstáculos inflacionarios, ya se estaba desacelerando en las economías más ricas antes de la última crisis financiera por el envejecimiento de la población activa y la caída en la innovación tecnológica. El documento del FMI señala a los países más afectados por estas circunstancias, entre ellos Japón, Canadá y Alemania, y asegura que la única manera de contrarrestar la tendencia es avanzar en reformas estructurales de cara a mejorar la formación de los trabajadores y potenciar la investigación y el desarrollo.

Si bien el Fondo traza un panorama global, particulariza en una caída proyectada del crecimiento potencial de China, la segunda mayor economía del mundo, señalando que podría ser incluso más profunda en la medida en que el país pasa de una economía impulsada por inversiones a una basada en el consumo. Es decir, el giro desde la industrialización exportadora, a las mejores condiciones de vida en el coloso asiático.