Luego de la desaceleración impuesta por la crisis mundial de los últimos dos años, la industria argentina se recupera con un crecimiento sostenido. Ya exhibe niveles similares al récord alcanzado en 2008 y de no surgir contratiempos, este año podría cerrar con cifras históricas. El mayor impulso lo dan las terminales automotrices, gracias al mercado brasileño y las mayores ventas domésticas. Le siguen la agroindustria y la minería metalífera con alta demanda externa.

En este contexto, la producción de alimentos no muestra un ritmo similar, propio de las secuelas de la sequía y de la disminución de la faena vacuna por los embates políticos que prácticamente paraliza a los frigoríficos exportadores. No obstante, los observadores confían en una recuperación con el correr de los meses. Lo importante es que según datos oficiales, el Estimador Mensual Industrial (EMI) acumula un alza del 9,6% en los primeros seis meses del año respecto de igual período de 2009, en tanto el Indice de Producción Industrial (IPI), que elabora de FIEL, señala un aumento del 10% para la primera parte de este año.

Por su parte, la Unión Industrial Argentina (UIA) consigna en el último informe de la actividad, que el sector continuó exhibiendo signos de recuperación durante mayo, con una expansión interanual de 14,3%, de manera que el acumulado de los primeros 5 meses del año cerró con un crecimiento del 12,3% interanual. A este ritmo, la UIA prevé un crecimiento industrial entre 6 y 7% este año, igual que el Estudio Ferreres y Asociados, estimando que si bien habrá una desaceleración en metálicas básicas y en maquinaria y equipos, se observará mayor crecimiento en otros rubros.

El panorama es favorable y hay optimismo en el sector, pero existen imponderables que actúan como freno del crecimiento fabril como es una restricción energética de alto impacto, como afecta a las caleras sanjuaninas y en otros rubros sensibles caso de la petroquímica, plásticos, siderurgia y agroquímicos.

Otro cuello de botella más difícil de sortear es la capacidad instalada, que ha llegado a límite y se maneja con el mismo personal, al que se le sumaron las horas extras. Este problema estructural se debe a la falta de inversiones para poder importar bienes de capital y equipamiento destinado a ampliar y modernizar plantas y, por ende la demanda de personal.