Tanto en la Unión Europa como en los Estados Unidos, los gobiernos siguen tratando de superar los problemas financieros centrando los paliativos en el fortalecimiento de la banca e inyectando cuantiosos fondos para sostener la moneda y el sistema, mientras la sociedad sufre los embates del desempleo, la exclusión y el aumento de la pobreza.

La crisis ha generado la volatilidad de los mercados y el mapa del potencial competitivo se ha reformulado a medida que el desequilibrio global crea mayor incertidumbre en los inversores. El presidente Barack Obama parece haber reaccionado ante el drama de una desocupación histórica, que ronda dos dígitos, aunque con una estadística engañosa ya que, al igual como ocurre en la UE, el desempleo entre los jóvenes no calificados llega al 22%, y en un giro político desesperado ha prometido rescatar el empleo como herramienta para recuperar la economía, antes de empeñarse en solucionar los desfasajes escandalosos de Wall Street.

La promesa de Obama de inyectar 447.000 millones de dólares para recuperar las fuentes laborales es una cifra colosal, pero se puede diluir si EEUU no atiende el problema estructural del capitalismo, al igual que los europeos. Generar empleo es sinónimo de competitividad, por eso se explica el crecimiento de China y otras naciones emergentes que lideran en una infinidad de productos gracias a los menores costos de producción. Peor aún, firmas estadounidenses producen en China.

Hay ejemplos cercanos, como el ránking competitivo latinoamericano. Argentina se ubica 85 en una tabla de 142 naciones, igual que de 2007, a pesar de haber mejorado la nota el año pasado. Por su parte Chile 31, Brasil 53 y México 58, exhiben esa fortaleza gracias a los estímulos fiscales y crediticios y a la seguridad y estabilidad que dan al inversor. No tienen los enormes costos laborales argentinos, las presiones sindicales, o las campañas ideológicas demonizadoras, como ocurre en nuestro país con la minería. Aquí se exige a las empresas importadoras que a la vez exporten en igual proporción, pero nada se hace para evitar que las industrias locales se trasladen al extranjero para eludir razones de costos, persecuciones fiscales, presiones gubernamentales como los avances sobre las conducciones empresarias, o la participación en las ganancias pretendida por la CGT.