La reciente resolución de la Asamblea de la OEA de anular la suspensión de Cuba como miembro de la organización, que había sido decidida en 1962 en Río de Janeiro, obliga a recordar la historia de esos días.

A principios de 1962, en una reunión de cancilleres realizada en Punta del Este, la Argentina se opuso a la expulsión de Cuba, proponiendo negociaciones que evitaran esta decisión extrema. Arturo Frondizi explicó a Kennedy que la expulsión arrojaría a Cuba en brazos de la Unión Soviética, permitiendo el soñado desembarco del régimen comunista en América.

El presidente norteamericano, quien ya se había equivocado cuando permitió el frustrado ataque rebelde en el desembarco de Bahía de los Cochinos, volvió a desestimar el lúcido consejo de Frondizi, quien, por otro lado, afrontó grandes riesgos invitando a Punta del Este al representante del gobierno de Cuba, el "Che" Guevara, para sondear la posibilidad de que la Argentina mediara en el conflicto y permitir así que Cuba se mantuviera dentro del sistema americano a cambio de moderar algunos rasgos autoritarios del gobierno de la Revolución.

Frondizi, estadista sin par en nuestra historia, no fue comprendido y la entrevista con el Che fue el empujón final para desencadenar el golpe militar que lo depuso, acusándolo de liderar una supuesta conspiración pro-comunista.

Kennedy fue asesinado al año siguiente, y no tuvo oportunidad de reconocer el error estratégico en que había incurrido, que propició la crisis de los misiles unos meses después. Pero la historia demostró lo inútil de la expulsión de Cuba, que sobrevivió a todas las presiones económicas y políticas de EEUU, las que sólo consiguieron penurias para el pueblo cubano.

El presidente Arturo Frondizi sigue esperando el justo reconocimiento a su condición de estadista, cuya única falla fue, sin dudas, su impotencia para hacerse comprender por la ciudadanía argentina. Ese pecado frustró su "Plan de Desarrollo" que hubiera puesto a la Argentina al tope de las naciones latinoamericanas.