La actualización del Calendario Nacional de Vacunación fue todo un logro en nuestro país en los últimos años. En 2012, el calendario alcanza las 16 vacunas gratuitas y obligatorias no sólo para los chicos, sino también para los adolescentes y adultos mayores. Las flamantes incorporaciones incluyen la vacuna contra la gripe A (H1N1), el virus del papiloma humano (VPH) y el neumococo, que puede causar no sólo neumonía, sino también meningitis y una infección generalizada llamada bacteriemia.

De este modo, el Calendario Vacunatorio Oficial argentino se colocó a la vanguardia de la región. Lo más reciente es la recomendación del Ministerio de Salud de que las embarazadas reciban una dosis de la triple bacteriana acelular a partir de la vigésima semana de gestación. Esa vacuna protege contra difteria, tétanos y tos convulsa, pero es esta última la que motivó la recomendación del 25 de enero último. En el mundo y en la Argentina hay una reemergencia de la tos convulsa, que tiene un impacto muy grande en lactantes. En 2011 murieron 70 chicos por esa causa; la mayoría, de menos de 2 meses de vida.

Otra vacuna eminentemente femenina es la que protege contra ciertas cepas del virus papiloma humano (VPH) que pueden causar cáncer de cuello de útero. Cada año, se diagnostican unos 4000 nuevos casos de cáncer cervicouterino y mueren unas 1800 mujeres por esa causa. Hoy existen en nuestro país dos vacunas que previenen la infección por VPH, una de las cuales fue incorporada en 2011 al calendario oficial para ser aplicada a las chicas al cumplir 11 años. Las razones de la inclusión de la vacuna antineumocóccica conjugada trecevalente en el calendario son de peso: prevenir la principal causa de neumonía y meningitis en chicos pequeños. Cada año mueren 500 menores de 5 años por neumonías por neumococo.

La otra inclusión en el calendario es la de la vacuna antigripal, gratuita para el personal de salud, las embarazadas, las puérperas, los bebés de entre 6 y 24 meses de vida, los adultos mayores de 65 años y las personas inmunodeprimidas o con enfermedades crónicas.

En situaciones de riesgo para la salud pública, no sólo debe intervenir el Estado, cuya función siempre indelegable es brindar información, sino que el resto de la sociedad debe asumir la parte de responsabilidad que le cabe en la prevención de enfermedades para las que hay vacunación.