Como si las pequeñas cosas hicieran fulgurar a los grandes hombres de la historia, es conveniente avivar leños al fuego de la polémica sobre el verdadero día del nacimiento del prócer. En el Museo Histórico Sarmiento, de Juramento casi Cuba en el Barrio de Belgrano de Buenos Aires, existe la partida original de bautismo fechada el 15 de febrero de 1811, y exhibe ser el niño "de un día+, creando un plausible natalicio el día anterior. Firma el documento el cura dominico José Manuel de Castro (Hurtado) y actúan como padrinos Don José Tomás Albarracín y Doña Paula Oro, tíos del pequeño.
Figura allí ser hijo legítimo de Don José Clemente Sarmiento y Doña Paula Albarracín y se nomina Faustino Valentín. El mismo Domingo, que se le agrega por disposición materna e invocando una especial devoción por el santo, convalida ese 15 de febrero como el día exacto de su nacimiento en algunas de sus obras, que revalidan a su vez los biógrafos más destacados como Alberto Palcos, Ricardo Levene, los hermanos Ricardo y Nerio Rojas, Manuel Gálvez, José Campobasi, amén de sus apologistas locales: Horacio Videla, César Guerrero, Antonio Aguilar. En aquella época no existía el registro civil de las personas, por lo que el asiento parroquial oficiaba como partida de nacimiento, bautismo, casamiento y defunción. Así fue hasta 1882, al menos por la ley provincial que, curiosamente, en el papel es anterior en dos años al dictado nacional.
El inolvidable versificador Calderón de la Piragua (Luis Jorge Bates) en "La Musa Raña+ titulada "¿14 o 15?” del diario Tribuna del 14 de febrero de 1969 lo resume así: "Pues ¿cuánto habría dicho el señor cura/ si así, nacido el 15 de febrero/ bautiza el mismo 15 a la criatura?/¿Habría puesto, César, "Días: Cero+?
Para mayor incordio aún, se infiltra el santoral, pues el 14 es san Valentín y el 15 san Faustino, y los santos ennegrecen donde debieran alumbrar, y doña Paula Zoila que le cincela el Domingo que prevalecerá y con razón.
El cura bautizante es otra breve historia. Era un realista sincero y probo, abjuraba de la revolución y de todo cuanto afectara a la autoridad hispana, negándose a oficiar y festejar con campanas al viento los actos alusivos al 25 de mayo. El general San Martín, ya como Intendente Gobernador de Cuyo, dispuso por ello su destierro a San Luis en 1814, pero de allí lo enviaron a Córdoba como un malviviente, a lo que el prócer se opuso y remite nuevamente a la ciudad puntana, volviendo libre a San Juan dos años después para morir en Angaco en 1820, observante fiel a su inclaudicable espíritu real.
Los padres del Maestro se llamaban en realidad Ana Paula Zoila Albarracín Irrazábal y José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento, cumpliendo el ritual recordatorio a título de homenaje generacional acorde al santoral cristiano.
Parece un despropósito de la historia, pero debió llamarse Faustino Valentín Quiroga Albarracín quien cultivó por lo alto un inmortal Domingo Faustino Sarmiento, de exuberante cepaje con imperecederos frutos.
(*) Médico.
