La Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó el nivel de alerta de pandemia ante el implacable avance de la gripe porcina, advirtiendo que ninguna región del mundo está a salvo del virus.
Llevar ese nivel de 3 a 4, en una escala de 6, significa un aumento significativo del riesgo de que esta epidemia afecte al mismo tiempo a muchos países y al ser producida por un virus nuevo, pueda ocasionar un cuadro clínico de mayor severidad. La realidad es que el temible virus no detiene su marcha, sino que por lo contrario continúa expandiéndose. La enfermedad es ya evidentemente global, como lo ha dejado en claro la OMS al asegurar que el virus está ya muy extendido geográficamente. El Gobierno argentino admitió su preocupación ante este fenómeno, por lo cual anunció la suspensión de todos los vuelos desde México hacia la Argentina y una batería de medidas entre las que se cuentan ampliaciones presupuestarias, profundización de controles y creación de una unidad de seguimiento del virus.
La última pandemia de influencia ocurrió en 1968, con la llamada gripe de Hong Kong, que se cobró la vida de cerca de un millón de personas en todo el mundo. La nueva cepa de influenza, una mezcla de varios virus de porcinos, aves y humanos que se desarrolló en México, representa el mayor riesgo de pandemia desde que surgió la gripe aviaria en 1997. En cualquier caso, conviene evitar la alarma social que genera comportamientos de pánico muy difíciles de controlar. El Ministerio de Salud de la Nación está informando a tiempo sobre los casos surgidos en nuestro país. Se trata así de evitar las consecuencias que la falta de información y los rumores más o menos fundados pueden provocar en circunstancias donde la realidad se confunde con la sospecha. También los medios de comunicación tienen el deber de colaborar con una información veraz y rigurosa.
Las imágenes procedentes de México producen un lógico impacto: colegios, bares, templos y estadios cerrados, miles de ciudadanos con barbijo y una vida social casi paralizada. En la era global, es fácil que cualquier virus se extienda en otros países, lo que exige medidas preventivas e información suficiente para mantener la salud pública bajo control. De momento, carecen de justificación, excesos alarmistas que normalmente no ayudan en nada a combatir la crisis.
En estas circunstancias, lo lógico es prevenir, confiar en los responsables sanitarios y vigilar con atención el desarrollo de los acontecimientos para minimizar los riesgos. La realidad exige rigor y también cautela.
