El último fin de semana, junto al feriado de Carnaval, movilizaron a más de dos millones de turistas hacia diferentes zonas del país, estimándose un aumento del 4,5% respecto a iguales días del año pasado en las ventas de productos y servicios vinculados al turismo por 3.526 millones de pesos, según un cálculo de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

De acuerdo al análisis de la central empresaria, el buen clima, el calendario de fiestas populares y la serie de eventos muy amplia, alentaron a las familias a viajar coincidiendo con el último tramo de las vacaciones de verano. Además, sostiene que de por sí los carnavales son convocantes, lo que le dio más atractivo al feriado largo que ya compite en importancia con Semana Santa, otro clásico receso fijado por el calendario.

Por su parte el Ministerio de Turismo de la Nación informó que este año viajaron por lo menos 450.000 personas más que en los carnavales 2014, y el 95% eligió destinos locales. A su vez, el 79% de las familias viajó en busca de ocio o esparcimiento, mientras que el 21% lo hizo para visitar a familiares y amigos u otros motivos, y estimó que este año hubo más de 20.000 espectáculos y eventos artísticos, deportivos, y musicales entre viernes y martes últimos.

Evidentemente la promoción del turismo interno mediante la proliferación de feriados nacionales, a los que se suman los provinciales, resulta exitosa por el movimiento de gente y el gasto, pero este fenómeno debe observarse con la óptica macroeconómica para conocer si realmente es beneficioso para el país. Es que términos de ingresos de recursos genuinos la sumatoria de beneficios del gran despliegue de visitantes locales es cero, porque el verdadero generador de divisas es el turismo externo. En el balance no figuran las pérdidas por días improductivos y los enormes costos laborales en tareas esenciales.

Lo cierto es que Argentina es el país que menos turistas extranjeros recibió en los últimos años en el Cono Sur: sólo 5,5 millones de visitantes entre 2010 y 2013, siendo superado por sus vecinos. Chile es el gran ganador, con menos atracciones naturales, pero con políticas de fomento que contrastan con nuestras restricciones cambiarias y los tropiezos fiscales, entre otras medidas que hacen cambiar el rumbo al viajero externo.