Aquellos meses finales de 1975 los temas más comentados periodísticamente del ámbito internacional eran la derrota de EEUU en la guerra de Vietnam y la muerte del dictador español Francisco Franco. En el aspecto nacional el asunto más hablado por la gente se refería al estado de salud de la presidenta María Estela Martínez de Perón, junto a su declinante mandato, el cual no tenía un rumbo definido, a tal punto que en el ambiente se respiraban aires de intervenciones militares, hecho que lamentablemente se produciría meses después. En este contexto, el 3 de noviembre de ese año, en San Juan, fue asesinado con premeditación y alevosía el diputado nacional, Ramón Pablo Rojas, enrolado en las filas del justicialismo o más precisamente en el entonces Frejuli (Frente Justicialista de Liberación). La fatal noticia conmovió a toda la sociedad local, al mundo político, con amplias repercusiones también a nivel nacional.

El diputado fue baleado mortalmente cuando conducía su Ford Falcon Futura, de color rojizo y techo vinílico tono crema, después de haber estado en una cena. Según datos aportados por sus familiares, aquella noche, Rojas compartió una comida con unos amigos en el restaurante llamado "Las Totoras”, para luego dirigirse a su domicilio en Villa América. El diputado iba conduciendo su vehículo (aquella noche llovía), cuando advirtió la presencia de un automóvil Peugeot 504, desde donde le señalaron que una de sus ruedas estaba desinflada. Al detenerse fue abordado violentamente por los homicidas, sin embargo percatándose de las reales intenciones de ellos, alcanzó a descargar su arma en justificada defensa y herir a dos de ellos, uno mortalmente. Cabe decir que en esos años la Cámara de Diputados de la Nación proveía a sus integrantes de armas, más precisamente de pistolas 9mm, Rojas optó por portar un revolver calibre 32. Luego, su auto fue llevado a la calle Paraguay, en ese tiempo aún de ripio, y con cañaverales, entre Tucumán y Av. Rioja, en Concepción; en este punto Rojas fue ultimado brutalmente. Un vecino del lugar, llamado Julio Zárate fue quien dio aviso a la policía. En horas de la madrugada, el primer funcionario en llegar a la escena del crimen, fue el entonces gobernador, profesor Eloy Camus. Es pertinente decir que el funcionario asesinado poseía una extensa carrera política-sindical, era un peronista histórico, tradición esta que legó su hijo y luego gobernador, Juan Carlos Rojas.

Había nacido en mayo de 1918 en Concepción, en el seno de una familia humilde. Desde su juventud abrazó la causa de la defensa obrera, actuando en diversos sindicatos, fundando la desaparecida "Sociedad de Obreros y Obreras de la Industria Vitivinícola y Afines”, la cual originó luego la "Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines” (Foeva). Junto a estos roles gremiales, fue en el segundo mandato de Perón, diputado provincial, soportando luego de 1955, persecuciones, encarcelamientos y hasta simulacros de fusilamiento. Cuando se produjo el retorno de Perón, fue electo diputado nacional y nuevamente su figura cobró protagonismo, especialmente como autor de un proyecto de ley, muy discutido en el Congreso, referido al envasado de vino en origen, proyecto este que motivó grandes debates parlamentarios. Continuando con nuestro relato, las investigaciones no tardaron mucho en dar con los asesinos, ninguno de ellos sanjuanino. Fue en la provincia Mendoza, lugar donde había huido la banda, donde apareció el cuerpo de uno de ellos: se trataba de Carlos González, encontrado en el Challao; otro fue Fernando Otero, quien herido se dirigió al Hospital Central de Mendoza y luego fue trasladado al militar. Sus explicaciones, frágiles, no convencieron a la policía, siendo apresado y luego traído al Hospital Rawson. Se sabe que esta siniestra banda, formaba parte de una especie de grupo para-militar de extrema derecha llamado en aquellos años CNU (Concentración Nacional Universitaria). En cuanto a la autoría intelectual del crimen, la justicia llegó a la conclusión que fue Délfor Ocampo, entonces Secretario General de Foeva, quien contrató y pagó a los homicidas. El móvil del crimen fue la señalada ley de envasamiento de origen, norma esta que atropellaba grandes intereses económicos y políticos, incluso del poderío gremial. Sin embargo aún quedan algunos cabos sueltos por esclarecer, a saber por ejemplo si hubo algún un entregador, entre otros puntos más. Sirva este breve escrito para recordar una figura clave del peronismo local, que mucho quiso hacer, o que hizo por su provincia.