Mucho se habla por todas partes del amor, pero mucha gente no sabe amar. Palabra desfigurada, "amor”, que todos los días la vemos aplicada a cosas bien distintas entre sí. Amar es un arte; se aprende a amar. Ciertamente todos nacemos con la capacidad de amar, pero debemos aprender a amar adecuadamente, porque en el amar está nuestra felicidad y realización humana. El amor verdadero es el único que nos da la felicidad. El mundo del hombre gira sobre el deseo de amar y ser amado. Pero no en cualquier amor, sino en aquel que es generoso y abnegado, capaz de entregarse en el servicio a los demás, capaz de hasta dar la vida por el amado.
Es frecuente en nuestra sociedad presentar el amor, tanto en canciones como en películas, reducido a sólo atracción-sentimiento espontáneo y pasajero. Este reduccionismo del amor a solo "sentidos-corazón” que presentan a los jóvenes los medios de comunicación, explica la falsa concepción del amor presente en muchos de ellos. Hoy hay personas muy confundidas sobre la esencia del amor, que asocian el amor a situaciones cómodas, a la satisfacción del cuerpo, a besos y abrazos, al egoísmo. Por su naturaleza sexual el varón tiende a pensar que el amor es pasión o deseo sexual, mientras que la mujer se inclina a creer que el amor es sólo sentimentalismo. Pero lo esencial no es lo genital, ni la emotividad o sensualidad, aunque es muy importante; lo esencial es el don total de la persona. Su esencia es el don del propio yo. El que ama, quiere el bien de la persona amada y procura hacerla feliz. Por eso, es capaz de sufrir por ella. De ahí que la medida del amor es la capacidad de sufrir por la persona que se ama. ¿Quieres saber si amas de verdad?: ¿Cuánto eres capaz de sufrir por la persona que dices amar? ¿Eres capaz de hacer cualquier sacrificio por hacerla feliz? ¿O solamente piensas en ti mismo? ¿Por qué se dice que "el amor duele”? Porque la prueba del amor es la capacidad de sacrificio por el amado. El ejemplo clásico es el amor de una madre; es un amor desinteresado que no busca recompensa. Una madre es capaz de sufrir y privarse de comodidades, de sacrificarse en mil esfuerzos para lograr el bien y la felicidad de su hijo. Pensemos en su actitud frente a la gestación, parto y crianza de su hijo: no repara en esfuerzos y, siempre, sin esperar nada a cambio. ¿Por qué esa entrega y sacrificio? Por amor. Por tanto el amor es sacrificio. De modo que si se quiere saber cuánto se ama, se debe preguntar cuánto se ha sacrificado por ese ser, objeto de ese amor.
No debemos confundir "querer” con "amar”. Querer implica una actitud utilitarista del otro. Querer es buscar mi bien a partir de la persona que se presenta como un bien para mí, como algo útil, valioso, agradable, placentero. Entonces, ese alguien es querido en cuanto representa un bien: "Te quiero porque me haces feliz”. Querer se centra en uno mismo, es egocéntrico. Amar, en cambio, se centra en la persona del otro. Quien ama desea el bien del otro. "Te amo y deseo hacerte feliz”. El amor es alocéntrico porque busca el bien del otro y no el propio bien. El amor es dar la vida en los actos de cada día por el amado. Por eso el amor se caracteriza por ser desinteresado, generoso, capaz de sufrir. "No hay mayor amor que dar la vida por el amado”, dijo Jesucristo. Es un generoso y bondadoso deseo de bien y felicidad hacia el otro, aunque para conseguirlo se sufra dolor o se prive de algo necesario. Es un amor incondicional, independiente de lo que se "sienta”, que todo lo perdona, aunque no es ciego, y ve los defectos del otro, y como quiere su bien, ayuda a superarlos.
Por este amor hacemos el esfuerzo por superarnos en bien del otro, de superar nuestros defectos, de dejar nuestras comodidades y mediocridades, lo que hace que crezcamos como persona. Un viejo proverbio dice: "Obras son amores, y no buenas razones”. Este amor es una tarea de todos los días. Hay que poner la voluntad para superar dificultades y problemas, y esto supone sacrificio, renuncia y abnegación. Dice san Pablo que "el amor es paciente y servicial. No es envidioso, no presume ni se engríe, no se irrita, no busca el propio interés, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es eterno” (1 Co 13,4-8). Esto quiere decir que el amor, que no está basado en la verdad, no es verdadero, y el amor que no es para siempre, no es auténtico.
