Los índices de pobreza en la Argentina, todavía sin cuantificar estadísticamente ante una realidad que crece en medio de la inflación desbordada, es el problema más grave que enfrenta el Gobierno nacional por la herencia recibida. No es fácil salir de la emergencia social en esta coyuntura, aunque el asistencialismo sirve de paliativo hasta que el empleo sustentable cubra dignamente las necesidades de los que menos tienen. Según el documento de la filial local de Unicef, titulado ”Bienestar y pobreza en niñas, niños y adolescentes en la Argentina’, el Gobierno anterior terminó con un saldo de cuatro millones de chicos sumidos en la pobreza, esto es, tres de cada diez niños eran pobres en la Argentina a fines de 2015 y, lo más preocupante, casi 1,1 millones de esos chicos de entre 0 y 17 años subsistía en la pobreza más extrema pese a las altas tasas de crecimiento durante la última década. Estos cálculos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia se hicieron sobre la base de números oficiales, pero con una metodología multidimensional de la pobreza, que no se realiza con el cruce entre ingresos y una canasta de consumo que se actualiza por inflación, sino también con la detección de diferentes privaciones. Son 28 indicadores agrupados en diez dimensiones asociadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU: nutrición, salud, educación, información, saneamiento, vivienda, ambiente, violencia, trabajo y juego e interacción. Por otra parte, la intervención de Guillermo Moreno en el Indec había avanzado en 2011 con un proyecto de índice multidimensional de pobreza, pero el kirchnerismo decidió darlo de baja en 2014 sin publicarlo, luego de presentarlo al ex ministro de Economía Axel Kicillof. Ese indicador reflejaba una pobreza multidimensional general de 25,8% para 2012, según trascendió. Hasta ahora el mal de la pobreza se trata con planes sociales para atenuar las necesidades extremas, pero erradicarlo en gran proporción implica desarrollo, porque cuando se habla de pobreza se está indicando el déficit en educación, de vivienda, de empleo productivo, infraestructura e inclusión financiera. En definitiva, no es un problema exclusivo de políticas públicas para revertir la inequidad en el país sino de todos los actores sociales.