La inseguridad golpea fuerte en el país sin que las autoridades asuman la responsabilidad que les corresponde. Los ataques no discriminan, porque a menudo afecta a niños y con más frecuencia a los ancianos, a quienes no se respeta ni en los bancos cuando se les da dinero falso.
La inseguridad produce el aumento de la depresión y de la angustia, hecho que genera la sensación de haber perdido el control de la vida. La investigadora Carolina Moreno -de la Universidad Católica- dijo que "el miedo al delito provoca un aislamiento social y un abandono de los lugares públicos que a su vez favorece el aumento de los robos. Para revertir este circuito negativo hay que fortalecer los vínculos sociales en los barrios, aumentar la presencia policíal efectiva y respetada por la gente, y recrear la confianza en los gobernantes”.
Es decir los expertos sociales sugieren a quienes enfrentan esas situaciones remitirse a su primera comunidad, algo que es casi imposible en las grandes ciudades donde el delito asume permanentemente formas disímiles. Los ataques por los que se debe acudir a la Justicia son muy amplios y variados, por la permanente evolución de las formas de delinquir según lo señala la crónica diaria. En una clasificación en la que entran las diferentes historias de los seres humanos, que no varían mucho de lo que sucede en cualquier país porque están vinculadas con el amor, el odio, la amistad, la esperanza y o la desesperanza. Y no es difícil ni traumático ser normal porque se trata de alguien o de algo en su estado natural y que responde permanentemente a normas conocidas de antemano.
Ese es el contenido de la educación desde la infancia. La escuela pública argentina fue importante porque fue formadora de varias generaciones que construyeron una sociedad para todos igualitaria y productiva y ello pese a las vorágine de la época sigue existiendo. Muchos no lo ven claro porque la pátina del tiempo -ese carácter indefinible que con el tiempo adquieren ciertas cosas- diseña un paisaje sin futuro y sin pasado sólo con el presente en el que se desarrollan los hechos.
Pero esa educación primaria, que fue valorada por varios países del mundo, fue la mejor siembra cultural que tuvo la Argentina, un país orientado por hombres que sabían lo que hacían y eran sobre todo cultores de la verdad.
Hoy las cosas no son así, se le dice al ciudadano lo que el poder político dicta para su conveniencia y así lo hacen porque no saben que se ha producido el despertar de la ciudadanía general que todo lo observa antes de opinar.
