La variabilidad climática siempre existió, pero nunca con la rapidez y la intensidad que se intensifica desde las últimas décadas, alterando drásticamente los ciclos hídricos como el que soporta San Juan por la ausencia de precipitaciones níveas en las cuencas de sus ríos principales. A la vez la ecuación no cierra por la mayor demanda de agua para el agro, la industria y el consumo humano.
Este déficit impone una política de Estado en nuestra provincia a fin de establecer un programa para uso racional y aprovechamiento sostenible, a partir del consenso sectorial. El problema debe atenderse desde el Estado, a través de sus entes específicos, nacionales y provinciales, las Juntas de Riego y el sector productivo, incluyendo a las mineras.
Se hace necesario coordinar e implementar un modelo estratégico a partir de mediciones y pronósticos puntuales confiables, de manera de optimizar el aprovechamiento del agua en sequías persistentes como la actual, o ante temporales con aluviones destructivos. Y mantener a los acuíferos subterráneos como una reserva con infraestructura activa, de disponibilidad inmediata
El INTA alertó la semana pasada acerca de las consecuencias de un clima cada vez más extremo e impredecible con mayor riesgo para el agro por las variables atípicas que acrecientan los riesgos de la producción, y puso como referencia las severas sequías en algunas regiones del país y un verdadero diluvio durante los últimos meses en el sudeste de Córdoba y en el centro norte de Santa Fe. Por ello la importancia de disponer de pronósticos cada vez más certeros si los organismos y los científicos se integran con la información y el conocimiento que disponen. Es una cuestión estratégica para mejorar la gestión del riesgo hídrico, de manera que el campo balancee mejor sus esquemas para repartir la crisis entre distintos cultivos y actividades agropecuarias.
El VII Foro Mundial del Agua de la FAO, clausurado el viernes pasado en la ciudad coreana de Daegu, alertó que el 40% de la población del planeta sufre escasez de agua, una proporción que aumentará hasta los dos tercios de población en 2050, si no se adoptan medidas para contener el sobreconsumo del recurso en la producción de alimentos y la agricultura. El déficit incluye a varias zonas del mundo donde se utiliza más agua subterránea de la que se repone de forma natural, a la vez que la agricultura intensiva, el desarrollo industrial y el crecimiento urbano, son los responsables de la contaminación de las fuentes.
