La observación de la realidad es el tema esencial de cualquier avance en la ciencia y en ella fundamenta su razón de ser. Así, el científico puede "’arrojar” o diseñar cualquier teoría o conjetura. Su validez radicará en la demostración que se haga y su correspondencia con el hecho mismo de esa realidad.

Hace unos meses ensayábamos la teoría de la "’energía biointencional” y con ella afirmábamos que la intención, afecta la energía misma y por consiguiente a la materia. El carácter intencional es el que gravita de manera estable y permanente como una constante es como su similar de la ley de gravitación universal.

Esbozamos "’el acierto científico” y acreditamos su avance frente a la posición de que el universo ya por creación espontánea de que nosotros existamos sea la razón de que exista algo, de que exista el Universo o bien de que tal deba su existencia invocando a Dios.

Para formarse nuestro Universo -aunque se sostenga que existe una ley como la de la gravedad y que por tal pudo crearse a sí mismo- que de hecho se hizo de la nada y para refutar esta teoría iremos aún más lejos al sustentar un paso anterior, el de la razón a la nada, pues, aunque de la nada, nada procede quizás algún movimiento espontaneo, es decir, voluntario por propio impulso sin aparente causa, pudo haberlo generado, más como ello no es posible sin el concurso de la intencionalidad, la casualidad o eventualidad que la sustenta es el despliegue mismo de la energía biointencional.

Si quien tiene la capacidad, tiene la intención, y esa capacidad intencionada difiere sustancialmente del propio impulso sin causa que es la generación espontanea, necesariamente ella debe ser asistida e indefectiblemente, por un nuevo tipo de energía que vincula el porqué de la intención de Dios, con el porqué de la intención del hombre y por ende el de la existencia misma del universo. Es decir, que el paso de la razón a la nada que fundamenta el porqué en algún momento el Ser Supremo tuvo el propósito de la creación, es el que nos permitirá ser partícipes y poder negar, afirmar, conocer o desconocer de propia voluntad y con propios postulados como la comunidad científica hasta hoy lo muestra.

No se trata ya de creencia sino que se trata de un examen propio que justifique que antes que la nada hay una conciencia de ser fuera de ella pues su mismo movimiento no está en ella sino por participación intencional de un ser cuya capacidad no solo tiene la intención sino además el propósito, pues sin este la sola generación espontanea (postulada por el hombre) carece de sentido y cae en el absurdo, lo inadmisible e irracional y como ello no es posible, es posible sin embargo que el hombre por un momento o un instante en su vida, ese instante que lo hace hacer "’grandes cosas” pueda entrar en la mente de Dios si desentraña, profundiza o logra descifrar y demostrar el carácter intencional que gravita por la energía biointencional.

Si descubrir una teoría completa sería el triunfo definitivo de la razón humana un nuevo tipo de energía vislumbra en el horizonte tal posibilidad. Si la unidad razón del hombre se extiende en su reflexión, desde aquel hombre de las cavernas hasta el ingenioso hombre de ciencia, el momento de concierto humano será el que nos permita comprender y descubrir el propósito de la vida.

Parangonando por cierto a los hombres de ciencia de hoy diré categóricamente que de última, "’mejor no ser nada antes que morir”. A quienes tienen grandes méritos cercanos a la ciencia expresamos: ¿cuánto más conseguiremos al concluir si al hombre sólo le basta el mismo hombre y que ningún otro ser le basta lo suficiente?

Si la premisa del "’súper hombre de hoy” es vivir la vida porque de igual manera todos terminaremos, que continúe entonces sin ni siquiera mencionar al posible Ser Supremo y menos aún darle la posibilidad de ser conocido pues, mantener la especie, está en el, mas hacerla perdurar no lo está, ni en sus valores, ni por sus principios, ya que ni siquiera su vida le pertenece y el tiempo mismo le arrebatará.

Sólo necedad en sus alocuciones "’Nuestro Universo necesita la asistencia del hombre para perdurar”.

(*) Filósofo, pedagogo, orientador escolar y escritor.