Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: "Éste es el Cordero de Dios.

 

Este domingo meditamos el evangelio según san Juan (1,35-42). En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: "Éste es el Cordero de Dios.

"Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: "¿Qué buscan?”
Ellos le contestaron: "Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?”
Él les dijo: "Venid y lo veréis.”

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: "Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).”

Y lo llevó a Jesús.

Jesús se le quedó mirando y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).”

Andrés y Pedro, hermanos de sangre, simples pescadores en Galilea, son llamados por Dios a una misión única: han de abandonar la barca y la pesca fatigosa, dejándolo todo, y seguirlo a Él.

El seguimiento es una relación personal con Jesús y se da en todas los estados de vida del cristiano. Dios elije desde donde estamos y cómo estamos. No nos emprolija antes. Será la convivencia con el Mesías lo que habrá de formarlos en el día a día. Como a nosotros, ya en pleno siglo XXI.

¿Cómo estamos llamados a ser los cristianos hoy? Pedro Arrupe, quien fuera Superior General de la Compañía de Jesús desde 1965 hasta 1983, les envió una famosa Carta a los Jesuitas quienes le preguntaban en aquellos complejos tiempos postconciliares diciéndoles cómo debemos ser. Les dejaba esta Oración: "Enséñame Señor tu modo de proceder. Hazme sentir con tus sentimientos, los de tu corazón, con el que amabas al Padre y a los hombres. Jamás nadie ha tenido mayor caridad que Tú, pues llegaste a la cruz. Que aprenda de ti cómo hacías cuando estabas cansado o cuando trabajabas, cuando compartías con tus amigos. Ser nobles y sublimes”. Que los pasos de Jesús sean nuestros pasos.

Y así ha de ser ese seguimiento al Señor y a la historia. No podemos mirar para el costado cuando una persona sufre, se queda sin trabajo, tiene problemas de vivienda o en sus vínculos con la familia. El madero de la cruz es esperanza para los crucificados de la historia; los que habitan las periferias existenciales o geográficas, como nos los pide el papa Francisco. No nos está permitida la indiferencia. Tantas veces el enemigo del amor no es el odio, sino la peligrosa y gris indiferencia que no detiene la mirada en el herido del camino.

Juan Bautista quedó subyugado en el primer encuentro con Jesús. Y también lo siguió. El centurión de Cafarnaúm se siente abrumado por la bondad del Señor. Y lo admira. Pilato se siente inseguro y su mujer se asusta. Es la Verdad que interpela.

Pedro, elegido para estar al frente de los doce, sobrecogido de asombro ante la pesca milagrosa, toma conciencia de su condición de pecador. Y aún con miedo, lo sigue plenamente. El "sí" de Pedro es rotundo, decidido, sin rupturas. La mirada de Dios traspasó su corazón y no le abandonó -aún con sus dudas- en la barca nueva, ahora la Iglesia.

Sí, seamos ardientes discípulos y misioneros del Reino. Él nos llama hoy a seguir sembrando las semillas de una nueva civilización: la del amor.

 

Por Pbro. Dr. José Juan García