Cuántas veces hemos oído a muchos llamar ‘obra maestra de la literatura universal’ a ‘El Quijote’ o más bien al ‘Ingenioso Hidalgo El Quixote de la Mancha’ y cuántos nos hemos preguntado el porqué.
Investigando sobre este tema en particular al cumplirse en estos días cuatro siglos de la muerte (en 1616) de Don Miguel de Cervantes Saavedra (a quien nadie juzgó discriminador ni desacertado perdurar en la historia el llamarlo ‘el manco de Lepanto’ en su tiempo, dado el rasgo distintivo de tener lesionada en forma permanente una mano a causa de una herida de guerra) descubro fuentes irrefutables que señalan algo muy particular y es lo altamente difundido pero muy poco leído de esta gran obra. El Quijote no es un libro que a lo largo de tantas centurias se lea por placer o porque sí. Es de difícil lectura y durante décadas, la obligación de considerarlo en las escuelas de España o México lo hace odioso para los jóvenes que -de hecho- no se interesarían jamás por él si sólo de ellos dependiera.
Salvador García Jiménez, profesor y escritor murciano, en un libro de su autoría señala la ineficacia de obligar a leer dicha obra y en su experiencia, que la literatura en el bachillerato lo único que consigue es que los jóvenes huyan despavoridos del libro y la lectura y en especial de una obra tan compleja para estos tiempos. Indica junto a otros que opinan parecido, que la obra cumbre de Cervantes conocida mundialmente a nivel de un escalón menos que la Biblia, que la lectura de este clásico causa rechazo en lugar del placer al que muchos convidan sin siquiera haberlo leído. Hay estadísticas que señalan -solo en Murcia, España, año 2005 – que el 93% de los profesores de educación básica (entre un muestreo de 800) no habían leído nunca el Quijote en edición completa y un 7% que sí lo hizo, pero un 70% de ellos que no lo ha hecho, aconseja y por cuestiones de programa obliga a los alumnos a la lectura de dicha obra. El Diario El país ha referido que en España y gran parte del mundo es el más conocido pero el menos leído, conclusión de un congreso de didáctica lectora allí realizado.
No es precisamente el libro de Cervantes algo que se lea con placer ni curiosidad si es obligado dado que es ‘denso, difícil y escrito en otro idioma, un español arcaico que es necesario traducir’ y la falta de interés por su lectura ocurre en toda España dado que al ser obligada no rinde más que el fruto de ahuyentar a los estudiantes. De todos modos, tal como sucede en nuestro país, se conocen los muy mentados episodios de los molinos de viento, el ejército de ovejas, el yelmo de oro de Mambrino y otros solemnes, trágicos o cómicos sin haber abierto ni una vez el libro. Las distintas adaptaciones a lo largo del tiempo lo han acercado a niños y adolescentes pero igual don Alonso Quijano y sus aventuras, no es santo de la devoción lectora de tantos como se cree. Felipe Garrido -que en 1991 fue invitado a hacer una adaptación o guía para la lectura del clásico- afirma que ‘nadie debería pasar por el mundo sin gozar de la lectura de esta colosal novela’ y que con su trabajo, ‘puede dar sólo una idea aproximada de la ironía, la sabiduría, la profundidad, el suspenso y el humor de la obra de Cervantes’.
Cuatro siglos de la muerte de su autor nos mueven a recordar esos impresionantes dos tomos originales que han recorrido el mundo en formatos, adaptaciones, soportes e idiomas de los más variados y hay que aceptar la realidad de un mundo que lee menos cada día al que imponer la lectura del Quijote no es precisamente el hilo conductor al virtuosismo ya que no pueden pretender inculcar que lo hagan -y lo analicen- sus alumnos, profesores que ni siquiera le han dedicado unas horas.
Para Cervantes escribirlo fue realizar una crítica a las muy difundidas novelas de caballería de aquellos años (en 1605 aparece la primera parte) que le parecían de mala calidad y quiso satirizarlas pero, avanzando en el proyecto, se dio cuenta que marcaba una época y quizás estaba analizando el comportamiento de toda una sociedad. En 1615 aparece la segunda parte y alcanza como la primera un éxito considerable. Sin embargo a la luz de los tiempos que siguieron, el Quijote es tan representativo de la lengua española porque sus alcances han sido tales que sin menguar, ha seguido batallando hasta con los molinos de viento de la no lectura y los gigantes del disgusto de la gente joven obligada a leer sus aventuras.
Un día probablemente haya obras como Harry Potter no más leídas sino más ‘mentadas’ dados los alcances del cine, de la imagen (que no se ha despreciado para el ingenioso e hidalgo caballero pero que no ha tenido el mismo éxito), y dentro de cuatrocientos años nos abran el mismo interrogante de hoy, con este inmenso legado cervantino.

