El papa Francisco ha hecho referencia a una polémica apertura de la Iglesia hacia las parejas divorciadas y han iniciado una nueva convivencia, al manifestar que las puertas no están cerradas para nadie. En su afán por no excluir de la Iglesia a nadie y su intento por abrirla a nuevas formas de familia, Jorge Bergoglio se ha referido el miércoles último a los divorciados con nueva pareja como personas que no están excomulgadas, "como algunos piensan”, sino que "forman parte siempre de la Iglesia”.
Se trata de una apertura que el mismo Papa argentino estima contradictoria y que levanta críticas dentro de la propia Iglesia, porque la interpretación hasta ahora, sostenía que quienes se divorcian contradicen el sacramento del matrimonio y, por tanto, quedan excomulgados. Sin embargo, Francisco viene manifestando una la disponibilidad hacia este sector, a pesar de que es consciente de que tal situación revive la doctrina imperante del sacramento. Pero también apela a que la Iglesia actúe como una "madre que busca el bien” y lo haga sin excluir a nadie, según un mensaje lanzado de cara al Sínodo de la Familia, que se celebrará en octubre venidero.
Francisco es pragmático y apela al sentido común como lógica contundente. En este caso defiende su pensamiento porque el riesgo de dejar fuera de la Iglesia a los divorciados es desatender a los hijos pequeños, que quedarían al margen de una educación cristiana. "¿Cómo podemos pedirles a estos padres educar a los hijos en la vida cristiana si están alejados de la vida de la comunidad”, ha señalado Bergoglio, porque a su juicio la Iglesia es una casa paterna en la que hay espacio para todos y de la que también los divorciados pueden formar parte.
Es más, en junio pasado el Papa llegó a admitir que a veces la separación de un matrimonio puede ser "moralmente necesaria” cuando se hace para proteger al cónyuge más débil o a los hijos más pequeños. Recordó que muchas veces, los niños se esconden para llorar solos, un sufrimiento que el obispo de Roma querría evitar y cuya solución puede pasar por la separación. Por rechaza denominar este tipo de situaciones familiares como "irregulares" y pide que la Iglesia se plantee ayudar y acompañar a estas familias.
Ante la ortodoxia que se encierra en si mismo, Francisco promueve una revolución que provoca admiración mundial.
