La expectativa en torno a la esperada encíclica del papa Francisco "Laudato si" (Alabado seas), se dilucidó ayer al difundirse el extenso llamamiento del jefe de la Iglesia Católica para la protección del medioambiente, con la esperanza de que sirva como una apelación para la responsable protección del planeta, que está sufriendo un daño camino a ser irreversible si no median decisiones políticas concretas frente a la explotación desenfrenada de los recursos naturales.

Al igual que el "Cántico de las Criaturas", escrito por san Francisco de Asís en 1225 -considerado el primer manifiesto ecologista de la historia-, la encíclica de Francisco revela la relación entre el magisterio de Bergoglio y del santo. Se trata de una alabanza a la Creación, pero también un duro ensayo contra quien la destruye y una denuncia universal por la falta de voluntad para proteger el planeta. El extenso documento, sin analizarse en profundidad por su gran extensión, ya tuvo diferentes opiniones mediante los pronunciamientos sectoriales conocidos.

Precisamente el Papa pretende abrir un debate con esta encíclica ecológica, por eso es que se dirige no sólo a los creyentes sino a todos los que pueden colaborar en invertir la tendencia destructiva del medio, y quiere que la discusión se plantee antes de la Cumbre sobre el clima de París, convocada para diciembre próximo. Además ha sumado a otras iglesias, a entidades científicas y al laicado para representarlo en este desafío global.

Para la FAO la encíclica es un verdadero un hito frente a la lucha contra los efectos del cambio climático, porque considera que gracias a la gran credibilidad moral del pontífice se van a recuperar más de veinte años perdidos por el desinterés mundial para asumir uno de los casos más complejos y de difícil solución en la historia de la humanidad. En el lado opuesto,

algunos miembros del partido republicano estadounidense señalaron que el papa no debería hablar de cuestiones como el cambio climático, ya que no es un científico, pero les replicaron que la ciencia es de dominio público y un tema sobre el que todos pueden hablar.

Como dice el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, la encíclica reclama un cambio en la cultura y la gobernabilidad sobre el ambiente como una causa común y nadie debe ser indiferente.