Las negociaciones económicas entre el Mercosur y la Unión Europea mantienen un estancamiento histórico por desinteligencias políticas absolutamente opuestas a los acuerdos de asociación regional que se expanden en el mundo globalizado. Las chicanas por supuestos perjuicios en los desequilibrios de la oferta y la demanda, han impuesto restricciones proteccionistas en diferentes países europeos, mientras se frenan un acuerdo integral.
España opina con racionalidad, considera urgente abrir las negociaciones de la UE y el Mercosur iniciadas en 1999 y luego sufrieron un freno de seis años en 2004, debido a las presiones de productores agropecuarios. Ahora, frente a la posibilidad de alcanzar un acuerdo marco, trece países europeos, entre ellos Francia, Austria y Grecia, pidieron a la UE que excluya los productos agrícolas ‘sensibles’, como lácteos y carnes, de los futuros intercambios de ofertas con el Mercosur, porque su inclusión tendría efectos negativos.
Sin embargo otras naciones coinciden con la posición española de crear un área de libre comercio amplio con el Mercosur, a partir de la consolidación del intercambio y la inversión en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, un acuerdo que involucraría la propuesta del presidente Barack Obama de crear un área de libre comercio de Estados Unidos y la UE en todo el Atlántico, similar al creado para el bloque económico del Pacífico.
Los eventuales perjuicios para los sectores agrícolas europeos, por una asociación continental, es parte de las negociaciones para evitar daños colaterales, pero de ninguna manera pueden ser condicionantes de un proceso de integración que tiene múltiples beneficios en el mundo actual.
