¿Dónde está el hombre interesante? Miré alrededor para buscar al "Hombre interesante”. Observé hacia un lado y hacia el otro, pero no lo encontré. Lo busqué en la plaza, y en consecuencia solo observé gente indiferente, que caminaba casi nostálgica boca abajo, con una cierta prisa, estrés y preocupación. Se oía de fondo el crujido tenue de una hamaca, en la caricia del viento suave y solitario, como buscándola empujar hacia alguien. Pero, solo encontraba niños sentados, embobados por un celular, bajo el susurro de varios mensajes telegráficos.

Seguí preguntándome: ¿Dónde está el hombre interesante? Salí apabullado del sol fuerte de la plaza y me fui a la escuela. Pero, tampoco lo hallé. Solo vi a jóvenes corriendo por el patio, buscando escapar de las murallas con calor sofocante que irradian las aulas añejas, sin fresca ventilación, pintadas de frases sobre la pared que decían: "Fin de Ciclo”; "Cumplimos la Condena”; "Antu, Maju y Cami, estuvieron aquí”. Cuadros de honores de distinguidos alumnos, no pasaban desapercibidos a la entrada de la dirección, opacados de grises telas de arañas, que atestiguaban el gran aluvión destructivo. Muchos de ellos, ahora egresados de la facultad, solo cuelgan un diploma en sus habitaciones, con títulos brillantes que jamás ejercieron. Se sabe, que algunos trabajan de redactores en un diario, taxistas, oficinistas, o de lo que la dura realidad actual, todavía les posibilitó. Justo, entraba un profesor entre dormido por la puerta ancha, con un maletín polvoriento empobrecido bajo el brazo, combinando un "yens” añejo de aire proletario, corriendo hacia el aula.

Es aquí, que con más desesperación me pregunté: ¿Dónde está el hombre interesante? Por favor, ¡Díganme! ¡Avísenme! Si saben donde hallarlo, porque lo busco desesperadamente y no lo encuentro. Me dirigí entonces al hospital y tampoco lo sentí. Solo vi a enfermeras que no daban abasto con la atención del teléfono. Un médico apresurado corría detrás de una camilla, con un hombre que mostraba un eritema de hematoma en el pómulo izquierdo y una gran herida cortante en el rostro, sangrándole la cara. Desesperado, busqué salir por el fuerte olor a alcohol y a quirófano, para dirigirme hacia la puerta. Pero, la puerta estaba cerrada. Había un cartel gigante, que golpeándome la nariz decía: "Salud, paro de 48 hs. No hay plata, ni insumos. Sólo urgencias”. Un grupo de jóvenes tocaban los redoblantes, tapados por el denso humo negro que emanaban de las gomas, quemadas en la calle.

No obstante, insistí con mi incógnita: ¿Dónde está el hombre interesante? Lo busco, pero no lo encuentro. Lo necesitaba hallar urgentemente, mientras me dirigía al palacio Municipal. Allí pregunté por el Jefe Comunal, y la secretaria apurada me dijo: "El Intendente en estos momentos no se encuentra, pero puede encontrarlo mas tarde”. La intendencia activa mostraba un ambiente bélico. El aire que emanaba con olor a cafeína y a tabaco, lo dejaban a uno, sin aire en los pulmones. Una chica simpática con minifalda y camisa desprendida arriba, sonriente, se acercó y me dijo: ¿Busca a alguien? Y, le dije casi con alivio, que buscaba al "’Hombre Interesante”. A aquel hombre sacrificado, desprendido, entregado, luchador, con ideales, sincero, sensible, feliz, respetuoso, inteligente, y lleno de un futuro prospero. Pero, con una sonrisa tajante e irónica, sin entender palabra de lo conversado, me miró y me dijo: "El Jefe no está”, y me cerró la puerta en la cara.

Ya casi corroído de fracaso, reiteré mí pesada pregunta: ¿Dónde está el hombre interesante? Es allí cuando recurrí a la sabia naturaleza, a lo más lejano del mundo en un bosque puro, rodeado de lagos cristalinos refrescantes. Medité, busqué, pregunté, pero tampoco lo encontré. Mientras hervía un choclo en el cálido atardecer, solo vi una topadora que a una distancia cercana opacaba el silencio sepulcral, taladrando la tierra con fuerza, al ritmo de picos y palas. Un enorme chorro negro salpicaba a los arboles, las gallinas y gaviotas. Al siguiente día, enfurecido, sentado sobre una piedra ante una cueva, contemplando silencioso la lejanía, en lugares inhóspitos de la montaña, solo vi animales exóticos, como pensativos que terminaron enfrente de mí. Me observaban, como pidiéndome que mirara las obras de artes milenarias, escritas sobre la caverna. Rebullía allí, lo más perverso de la humanidad actual. Y, seguía sin hallar nada.

Pero, ¿dónde está el hombre interesante? Como último recurso fui a los artistas e intelectuales. Tampoco lo hallé. Solo vi a hombres rutinarios, vacíos de un gran corporativismo intelectual. Y, tan arraigados en su sectarismo doctrinal, que no les permitía ver la realidad que los rodeaba. Andaban deambulando de sueño en sueño. Se me burlaban, poseídos por la insensibilidad de la "’Nueva Ignorancia”. Vi a poetas y economistas que solo sentían indiferencia; a actores que de literatura ignoraban todo, pero exaltaban la belleza; a narradores que odiaban escribir ideas; y a políticos que no ejercían política. Entendí que me quisieron decir los animales en la oscura caverna. Allí, "pianté” un lagrimón, porque vi que el "Hombre Interesante”, no existía. Y, exhausto grité: "El hombre ha muerto en vida”.

(*) Periodista, filósofo y escritor.