El lanzamiento del Fondo Verde para el Clima, la mayor movilización financiera de las Naciones Unidas para contrarrestar los efectos del cambio climático en el planeta y administrado desde Corea del Sur, sigue en la incertidumbre a pesar de la urgencia. Se trata de canalizar los aportes de los países desarrollados para solventar planes de limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero y proyectos para proteger comunidades pobres por efectos del aumento del nivel del mar, las sequías y la destrucción de cosechas.
Para estos fines las naciones industrializadas prometieron en 2010 al Fondo unos 10.000 millones de dólares al entre 2011 y 2013, y aumentar el monto hasta 100.000 millones de dólares anuales para 2020, con lo cual se podrían efectuar las correcciones contra el daño ambiental y el desequilibrio de los ecosistemas. Pero las donaciones han sido mucho menor a lo previsto por los países desarrollados, algunos complicados tras salir de las crisis que dejaron secuelas para varios años, caso de la europea. Por su parte, las principales economías emergentes, como India, tampoco quieren comprometerse con metas de reducción de las emisiones de dióxido de carbono, si antes las naciones desarrolladas no concretan sus promesas al fondo de la ONU.
En pocas palabras, no hay dinero para enfrentar un futuro preocupante porque tanto los países poderosos como los emergentes, no salen del contexto económico y político actual. Y el problema financiero sigue siendo un punto clave a resolver en los esfuerzos por acordar un nuevo pacto global sobre cambio climático que unos 200 Estados esperan sellar en la cumbre de París anunciada para diciembre de 2015.
