San José fue el verdadero padre, virginal, de Jesús. La educación y crianza del Hijo de Dios dependían tanto de la Santísima Virgen como de él.

 

El papa Francisco nos ha enviado la Carta Apostólica "Con corazón de padre" (Patris corde), en la que recuerda el 150º aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal y, por ende, de todos los cristianos y de los que, de una u otra manera, se van acercando a la comunidad de los mismos, en la que convoca un año especial, jubilar (de júbilo, alegría) dedicado a San José, el papá virginal de Jesús.

Este será desde el 8 de diciembre pasado hasta el 8 de diciembre de 2021, en el que, con indulgencias diarias, y especiales en los días litúrgicos en que San José aparece como protagonista, nos dedicaremos a conocer más su figura, y amándolo y uniéndonos a él, depositarnos con su querida esposa, la Virgen santa, en los brazos del Hijo de Dios, Jesús de Nazareth, nuestro Maestro y Señor.

Las advocaciones de la Santísima Virgen María se adaptan a la cultura de los pueblos, y al mensaje que Dios quiere comunicar en ese momento concreto de la historia con tal o cual advocación, en determinado o determinados lugares, o universalmente.

 

El rol de San José

Por supuesto que ha habido una gran ausencia en nuestra expresión con referencia a San José.

Esa misma pregunta me hacían en un canal televisivo con motivo de la Navidad: Por qué se habla tan poco de San José. Sin embargo, es verdadero padre, virginal, de Jesús, y la educación y crianza de Jesús dependían tanto de la Santísima Virgen como de San José.

Es más, la ascendencia davídica y mesiánica, de la tribu de Judá y la Casa de David, de donde nacería el Salvador, le viene a Jesús por el papá, en este caso, por medio de José, que es descendiente de David (cfr. comienzo del Evangelio de Mateo, capítulos 1 y 2, en que todas las referencias de la infancia de Jesús están referidas a José, así como en Lucas 1 y 2 están referidas a María).

 

El estudio sobre el padre de Jesús

La Josefología (el estudio de San José), ha crecido mucho en los últimos tiempos, a tal punto que, no infaliblemente, pero sí en la fe teológica y popular, se le van adjudicando las mismas prerrogativas de la Virgen: Ya hay ermitas católicas dedicadas a la Asunción de San José, se piensa que fue inmaculado, siempre virgen en su pureza, y verdadero padre de Dios, aunque no en la carne, y que su santidad tendría que ser similar a la de María para dar a Jesús una crianza y educación esmeradas y tendientes a la perfección.

Por lo tanto, si María es inseparable de Jesús, también lo es de José, y éste de Jesús, porque ambos contribuyeron de manera singular y conjunta en la crianza y educación del Hijo de Dios hecho hombre.

El Papa nos sumerge en el misterio cotidiano del hombre de trabajo que se esfuerza en la vida en bien de su familia, de su comunidad, de su nación. Un padre amado, lleno de ternura y acogida, fiel a la Voluntad de Dios, a Sus Caminos inesperados, a Sus Sorpresas y Fantasías, con las que realiza maravillas admirables.

Un padre que sabe contemplar también una flor, cuidar de un árbol, no ensuciar el medio ambiente ni contaminarlo, no "competir" afanosamente con quien tiene al lado, sino transformarse en el padre y amigo de todos, solidario en su trabajo y en su vida toda, como lo sería su Divino Hijo, recibiendo en su parte humana lo aprendido y testimoniado de su padre, con quien dio su Vida, cruentamente Él.

En su rol de padre del Dios humanado, protagonista sin igual en la historia de la salvación, no busca apariencias ni glorias vanas, sino que quiere pasar desapercibido, presente diariamente, pero de forma discreta y oculta, silenciosamente.

 

Ganar indulgencias

Por ello, para ganar las indulgencias, ya sea para nosotros o para los fieles difuntos, aparte de las siempre requeridas condiciones de la Iglesia (arrepentimiento y aversión al pecado, oración por el Sucesor del Apóstol Pedro, acto de fe (Credo), confesión y comunión espiritual en tiempos de pandemia según edad y condición hasta poder ser sacramental), se agrega el acto específico ("la obra prescripta") para ganar la indulgencia, siempre vinculada a San José: Alguna oración a él pidiendo por los trabajadores o los que buscan trabajo digno, ofrecer nuestra labor cotidiana unidos a él, alguna meditación o lectura sobre San José, rezar las letanías de San José o el Akathistos (oración de origen griego que significa "de pie") a San José, realizar unido a él una obra de misericordia corporal o espiritual; ancianos, enfermos y moribundos, ofreciendo sus dolores unidos a los de San José, esperanza de los enfermos y patrono de una muerte feliz.

¡Bendito Año dedicado a San José, cuya santidad, similar a la de su Esposa, coadyuvaron a la crianza y educación del Hijo de Dios en la tierra, dejándonos un ejemplo de sencillez y humildad silenciosa y laboriosa, digna y honesta para seguir!

 

Por Gustavo Daniel D’Apice
Profesor de Teología (Pontificia Universidad Católica),
Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación