Una de las moralejas más firmes del plebiscito del domingo pasado es que la oposición sanjuanina ha perdido terreno.

Desafortunadamente, hay que agregar. Porque el camino que señala la tendencia de la última elección en comparación con la última -en 2009-, indica que se sigue agrandando la brecha de lo que hoy es un dominio absoluto del oficialismo en el tablero político sanjuanino, con intendencias, diputaciones y concejalías bajo su dominio a placer. Y eso nunca es bueno.

Hace dos años, Mauricio Ibarra sacó el 18% de los votos generales y Rodolfo Colombo el 16%. Sólo allí están los 34 puntos obtenidos por el NO el domingo, si uno interpreta que todos los votantes del rawsino y del líder Actuar se hubieran manifestado en contra de la enmienda, como es lógico suponer. Claro que la sumatoria de votos al estilo aritmético es un pecado mortal en una ciencia tan inexacta como lo es la política, pero sí supone una búsqueda útil: por qué otra razón se producirían las alianzas si no es para sumar votos y no para compartir una tajada ya existente.

Lo que ocurre es que esta vez, Ibarra y Colombo no estuvieron solos, como para celebrar el supuesto de haber mantenido sus respectivos caudales. A ellos y a Roberto Basualdo -que en 2009 apoyó al entonces intendente de Rawson-, se les sumó esta vez el bloquismo disidente encabezado por Enrique Conti y el peronismo disidente encabezado por César Gioja.

Y se les deberá descontar el generoso margen de los que votaron por el NO pero que apoyan al Gobierno y que en octubre votarán por Gioja, que constituyen un universo bien amplio, como puede atestiguarlo cualquier reunión de amigos en mesa de café o cualquier muestra científica. Más estrecho entonces se convierte el desfiladero por el que transita la oposición sanjuanina que, sin ponerlo en números precisos, aparece notoriamente por debajo de los 30 puntos a repartir entre todos.

Por el carril opuesto aparece el oficialismo de José Luis Gioja. Con el pesado carro de una enmienda nada simpática, enganchado el gobernador obtuvo su cosecha de votos más importante desde que juega en primera en la política provincial. Fue electo en 2003 con menos de 40 puntos, fue reelecto en 2007 con 61 puntos y hace dos años -sin figurar en la boleta pero en campaña con pies y manos- sacó casi el 60%. El 66% de los votos del domingo, entonces, le supieron a récord personal entonces, con el agregado de aquel margen que hay que descontar en el voto opositor y sumárselo al oficialismo cuando haya que votar personas y él encabece la fórmula oficial.

¿Que esperaban algo más? Es cierto. Tal vez por la mecánica de la naturaleza humana de haber alcanzado algo y proponerse enseguida el siguiente escalón. Alguien tal vez soñó con pisar un 70% que no se dio, pero es tan cierto como que hubieran firmado con los ojos vendados el resultado de hace una semana, en el momento en que decidieron que el plebiscito para la enmienda sería el 8 de mayo, allá por fines de marzo.

¿Por qué es importante hacerle un ADN a los votos del NO e identificar a qué dirigente político opositor corresponde cada uno? Sencillo, porque hoy todos ellos están sentados en la misma mesa negociando las alianzas para la interna abierta y obligatoria de la provincia que será en agosto y tienen una semana más para abrochar acuerdos.

En esa mesa, la variable de negociación son los votos de los que dispone cada uno, y la última vara a mano es el resultado de hace una semana. Claro que es una tarea imposible determinar cuánto del resultado final corresponde a cada uno.

Por lo tanto, se convierte el asunto en una mano de póker en la cual juegan las cartas en la mano, pero también los gestos y lo que uno aparenta tener. Hasta que a uno le toman la palabra y tiene que mostrar el juego en la mesa. Eso ocurre en cada elección.

Si se sumara lo que cada dirigente que reportó en la oposición dice tener como caudal propio del resultado del domingo, la cuenta excedería, por largo, los 34 puntos. Nuevamente el póker, señores.

En la mesa que cierra la semana próxima estará la definición de quién con quién, con lo que se define el mapa político provincial en pocos días. Y lo dicho, la prenda de negociación son los votos, que cada uno querrá apoderarse para sí.

Está el caso de César Gioja, por ejemplo, tal vez el más furioso activista por el NO. Pero una cosa es militar por una idea general en la que reportan muchos otros dirigentes, y otra es salir a ganarse los porotos a la cancha y en nombre propio.

Igual, el hermano del gobernador podrá operar la segunda fase de su plan, a pesar de que la primera fase contemplaba un resultado más generoso que no se dio. Ir a Buenos Aires en supuesta paternidad de toda la franja del NO y convencer al kirchnerismo de que le conviene aceptarlo en una lista colectora, lo que le permitiría esquivar una interna abierta con José Luis. Justo aquí es donde juega el peso de los votos: ¿lo votaría a él ese más de 30%?

Quienes refutan la idea no son otros que sus ex compañeros del NO. Porque la suma de votos no se estira y todos aseguran haber tenido gravitación determinante en él.

Roberto Basualdo, por ejemplo, reclama una parte importante de ese resultado para su jugada política, realizada en soledad. Antes del resultado del domingo anunció que no será aspirante a gobernador, que podrá ir sólo y sin aliados si no cierra con nadie. Y que su presidencial será Alberto Rodríguez Saá, con quien estuvo el viernes sin más compañía opositora como había ocurrido apenas días atrás, cuando se mostraban todos juntos y llegó el Adolfo. Es su manera de negociar.

Los destinatarios principales de esos mensajes son su socio -¿ex socio?- Mauricio Ibarra y otras expresiones allegadas como el PRO, de escasa gravitación en la provincia y que, para peor, se quedó sin el ancho de espada para octubre, como Mauricio Macri. El rawsino reclama con justicia una tajada del resultado del domingo, pero no pasa por su mejor momento: fue Rawson uno de los territorios más decisivos para que el SÍ se impusiera con semejante holgura, bien por encima de la media y por sobre el 70%: mal síntoma como para negociar espacios con sus colegas opositores, aunque la candidatura a gobernador la podría heredar sin demasiado esfuerzo. No es algo por lo que alguien esté dispuesto a pelear.

Aparece en la grilla Enrique Conti, el ex intendente del bloquismo disidente, que también jugó fuerte en el último tramo de la campaña junto a Juan Domingo y Alejandro Bravo e Ivelise Falcioni, la madre de ambos. También con reclamo de paternidad en el resultado general, pero de vuelo replegado desde el domingo y una ocupación adicional: conservar lo que tienen, una banca en Capital.

Y está Rodolfo Colombo, quien sacó a relucir el resultado de Capital -su patria chica- donde el NO obtuvo el 45% de los votos. Pero si es cierto que el 55% del SÍ es el piso oficialista que podría crecer, se encienden las luces amarillas para él: defiende nada menos que 5 bancas y necesita para conservarlas en octubre no menos del 35% sin ayuda, todo suyo. Cada vez más, Colombo parece orientado a compartir con el radicalismo bajo la candidatura de Ricardo Alfonsín, quien se perfila como el principal oponente a Cristina. Un lugar que no será compartido, al menos, por Basualdo. Y el espacio opositor unificado sería entonces una ilusión.

Las razones por las que llegaron a esta situación, es otra discusión. Lo importante es la foto de hoy, que señala un repliegue y obliga a remar para revertirlo. De todos modos, hay un consuelo: lo más importante es lo que todavía está por venir.