El islamista Mohamed Mursi, se ha convertido en el primer presidente de Egipto tras la caída de Hosni Mubarak, en febrero de 2011. Lleva a los Hermanos Musulmanes al poder por primera vez en sus 84 años de historia, la mayoría de los cuales han transcurrido en la ilegalidad.
Hijo de una familia de clase media, nació en agosto de 1951 en una provincia del Delta del Nilo. A finales de los 60 se trasladó a El Cairo, en cuya universidad pública concluyó en 1972 sus estudios de Ingeniería. Tras cumplir el servicio militar obligatorio, fue becado por la Universidad del Sur de California (EEUU), donde logró un doctorado en ciencia espacial. De regreso a la tierra de los faraones en 1985 con las credenciales de haber trabajado durante tres años como profesor en Estados Unidos ingresó a la política con ascenso que no fue meteórico hasta 1995 cuando llegó al Consejo Consultivo e inició su proyección pública al alcanzar la Cámara Baja egipcia.
El candidato presidencial vivió uno de sus momentos estelares en 2002 al enfrentarse al régimen de Mubarak a propósito de un accidente ferroviario que causó más de 400 muertos en el Alto Egipto (Sur). En las elecciones legislativas de 2005 la Hermandad cosechó una histórica victoria al hacerse con un tercio de los escaños en lo que se consideró un tímido aperturismo de la dictadura. Sin embargo, Mursi perdió su asiento y un año más tarde sería encarcelado por su participación en una manifestación de apoyo a varios jueces de la oposición. Antes de alcanzar la Presidencia, este sustituto de última hora encaró el reto de hacer añicos unas encuestas que no le daban opciones de victoria y activar el influyente engranaje de la Hermandad.
El futuro presidente tendrá ante sí una tarea titánica para sacar adelante la maltrecha economía egipcia, que sufrió durante los meses posteriores a la revolución una fuga de inversiones. Pero todo hace pensar que difícilmente se va a producir un cambio radical en la dirección que la economía del país ya tomó durante los últimos 15 años de gobierno de Hosni Mubarak, orientada a los mercados y con el énfasis puesto en el sector privado. Con más de 80 millones de habitantes, Egipto tiene un potencial económico enorme y la mayoría de los ciudadanos comienzan a mirar con esperanza el futuro.
