También el fin del plazo fijado para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo que da pie a definir una nueva agenda de desarrollo sostenible, cuestión que nos exige nuevos esfuerzos para construir un mundo más humano que debe revertir en una vida más digna para todos. Por otra parte, sabiendo que la educación que se recibe con la primera lengua, o idioma que aprende una persona, nos marca para siempre, hasta el punto que va a ser la que nos guía en todo momento como personas aptas para gobernarse a sí mismo, considero fundamental reforzar y extender su aprendizaje.

Sin duda, será bueno mejorar los programas de enseñanza, pero la creación de entornos propicios contribuirá a que todas las energías se aprovechen entre tanta diversidad. Ampliar las ventanas por las cuales nos vemos en el horizonte, aparte de ser una tarea apasionante, contribuye a trascender hacia la libertad tan ansiada por todos. Es una forma de culto de la voluntad que, evidentemente, contribuirá a hacernos mejores personas.

Hoy tenemos multitud de estrategias pedagógicas para mirar hacia adelante; sin embargo, no siempre alcanza a la globalidad de este mundo plurilingüe. Son tantas las dificultades para llegar a los más desfavorecidos segmentos de la población, que convendría invertir más en temas educativos, un derecho humano fundamental y un vector de avance esencial, que no puede dejar a nadie al margen.

En un momento de crisis, la educación ha sido una de las primeras en ser recortadas o eliminadas. Además, todavía en muchas culturas no se percibe como necesaria la educación de una niña. Asimismo, en los entornos de pobreza, el acceso a una educación de calidad es casi un imposible. Son en estos ámbitos donde tenemos que intervenir, predisponiendo a las mentes que no sólo cultiven el intelecto de teóricos conocimientos, sino que también se aviven los valores humanos. Naturalmente, nuestro porvenir está en manos de los educadores.

Lo maravilloso de aprender, no como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en la autenticidad del saber, es no cerrarse a nada y entusiasmarse por vivir. Cuánta tristeza causa ver a jóvenes, que vencidos por la desconfianza y la resignación, no encuentran su espacio en la vida. Se ha llegado a hablar incluso de una generación perdida. ¿Dónde está el futuro entonces? Lo peor que le puede pasar a una especie pensante como la nuestra es justo eso, que la juventud camine sin mentores, a su antojo y a su deriva.

Una sociedad en vías de mundialización precisa de unos sistemas educativos asentados en la convicción de que la educación es un pilar básico para el desarrollo de la propia especie, puesto que es esencial para reducir la pobreza, mejorar la salud y los medios de subsistencia. Las nuevas generaciones ya son ciudadanos del mundo, y como tales han de ser educados, para la Unesco, a través del uso de al menos tres lenguas, una de las cuales debe ser obligatoriamente la lengua materna o primera lengua, lo que va a facilitar, cuando menos un mundo más integrado, lo que refuerza el sentido de pertenencia, facilitando de este modo una mejor convivencia.