El agua potable es de fundamental importancia para evitar la propagación de enfermedades en el hombre.

La cultura del agua nos induce a creer que ella no nos incumbe; que representa el terreno de competencia casi exclusiva de especialistas. Esta concepción aplica el poder político o el poder científico, sobre el cual poco o nada podríamos realmente aprender o comprender, a menos que incorporemos el conocimiento. El agua potable, así como las agua residuales, son de importancia fundamental para impedir y reducir la propagación de enfermedades relacionadas con la falta de saneamiento y salud. Debemos cuidar el agua, especialmente en nuestra región, con una educación esencial. Primero, la que se da en la familia, que es el punto de partida de la enseñanza, y luego con un programa educativo sistemático, que debiera estar incluido en la currícula como materia y no como un tema anexo. Una materia sobre el agua en sí misma, que se incluya en el ciclo primario y que vaya profundizándose hasta completar el ciclo secundario de una forma que interprete el estudiante y transmita el verdadero sentido del uso sostenible de este recurso, remarcando a aquellos que sí tenemos acceso al agua potable, la importancia de preservarla y compartirla con las generaciones venideras.

El agua nos ayuda a estar sanos, evitando enfermedades que alcancen al ser humano, a los animales o a la agricultura en general. Muchas veces, cuando ocurren conferencias importantes y que por lo general llegamos a conocer porque se convierten en hechos mediáticos, surge el debate hídrico desde diferentes conocimientos de expertos reconocidos que desde sus distintas corrientes manifiestan sus opiniones al respecto. Pero desde nuestro lugar de escuchas no se suele entender el núcleo del problema porque se reparte tantas veces como los interlocutores la explicación. La pregunta que nos debemos hacer es simple y concreta, si nuestro concepto de la cultura del agua fuese conocida globalmente en el seno familiar y formar parte del modelo educativo, ese sería el debate hídrico exclusivo de los expertos y comprometer a toda la población de los beneficios del líquido elemento, que es calidad de vida. Estos conocimientos nos incumbe a todos, al ser parte en su dominio específico concerniente en salud, educación, deporte, arte y también en la política. No solo debemos estar capacitados para entenderla, sino también para participar e incidir en ella. Todo implica un esfuerzo recuperar nuestra capacidad de control sobre el debate del agua. Aunque no se niega la existencia de especialistas o profesionales en estas áreas, ésto debería demostrarnos que tales áreas nos pertenecen a todos y forman parte de nuestra vida diaria.

El agua es vida, por esos hay que cuidarla remediando los problemas de todos alcanzando la modernidad con embalses, canales y riego sustentable, logrando en pocos años aunar la garantía de recursos y la mejora de la 
calidad a un precio accesible para los habitantes, sin destrozar el medioambiente.