Una sólida formación teórico-práctica caracterizará al educador del Siglo XXI, quien por sobre todas las cosas deberá contar, como requisito esencial, con el título de Profesor con no menos de cinco años académicos de formación en el profesorado de la especialidad obtenida y por la que el Estado a través del Ministerio de Educación y la Coneau deberán garantizar con sus objetivos para la enseñanza y con la finalidad de contribuir al mejoramiento de la educación universitaria, pues la misión encomendada es asegurar y mejorar la calidad de las carreras e instituciones universitarias que operan en el sistema universitario argentino por medio de actividades de evaluación y acreditación de la calidad de la mencionada educación universitaria.

Por su parte el Instituto de Formación Docente de rango Superior no Universitario contemplado en el diseño de la Ley 26.206 y que prevé una formación docente de cuatro años y los "profesorados para profesionales universitarios anexos o creados en las mismas universidades de nuestro país con dos años de preparación para la docencia" no tienen el rango profesional pedagógico y didáctico para el carácter que el profesional de la educación requiere y que en formación simultánea a la especialidad durante cinco años académicos logra el profesor en un área del saber y que actúan supletoriamente.

Jerarquizando de esta manera el carácter de educador, no sólo como docente sino como profesor lo reconocemos como profesional de la educación en base a la jerarquización alcanzada por los mismos saberes y recordamos que no todos los docentes son profesores titulados, y que no todos los profesores que enseñan, hoy denominados así por las universidades y las juntas clasificadoras en docencia, han egresado de profesorados específicos.

Observemos además que aquí hay una cuestión de salarios y campo laboral que involucra a quienes quieren enseñar pero que no obtuvieron el título académico de profesores. Entonces, tener una formación sólida acorde a las exigencias del siglo XXI, tendrá que contemplar su titulación y los siguientes aspectos:
En el campo de su especialización, calificará el medio para impulsar la calidad y eficiencia en la enseñanza de las ciencias, las técnicas y las múltiples disciplinas anexas para cualificar el ejercicio de la educación como profesión.

En el campo pedagógico, mediante la formación intelectual y metodológica propia del campo de la pedagogía tendrá el compromiso con el desarrollo cultural y la identidad nacional, para alcanzar interdisciplinariamente otros saberes y con otros sectores sociales propios de la educación no formal asistemática e informal.
Acrecentar en el campo investigativo, las prácticas pedagógicas y la transferencia al medio social de los resultados logrados como educador será el otro objetivo. Además deberá tomar en cuenta el campo de la producción del saber.

En el campo de la cultura y como trabajador de la cultura se espera que logre su identidad como educador y el status del mismo, aquel por cuyo enfoque de su formación no sea solo instruccionista y profesionalizante, sino que se caracterice por una dimensión político y pedagógica-comunitaria (nacional e internacional) para que se comprometa con los cambios que requiera nuestra sociedad.

(*) Filósofo, pedagogo, escritor. Orientador social.