
El mundo enfrenta una profunda revolución tecnológica donde casi todos los sectores están siendo transformados por las nuevas tecnologías, generando novedosas formas de relación entre las personas y sus prácticas sociales, como nunca antes había sucedido.
Casi la mitad de la población mundial tiene acceso a Internet. El 75% de los hogares más pobres del planeta disponen de un teléfono móvil (muchos más que aquellos que tienen acceso a una vivienda digna, a baños o agua potable). Por otro lado, en Argentina, el último informe del INDEC da cuenta de que el 57% de los niños es pobre, pero cerca del 90% de esos jóvenes que están en el Nivel Secundario tienen un teléfono inteligente. A pesar de estos datos, (como lo demuestra el informe de la semana pasada del Observatorio de la Deuda Social de la UCA sobre el uso de la virtualidad en sectores pobres), todavía, siguen existiendo fuertes desigualdades en el acceso a las nuevas tecnologías. Los beneficios que promueve su uso no se distribuyen de manera igualitaria y son preocupantes las razones para suponer que muchos estudiantes no están siendo preparados adecuadamente para este mundo tan impredecible y cambiante, donde la habilidad en la gestión y convivencia con nuevas tecnologías serán determinantes para conseguir trabajo.
Crisis de aprendizaje
Antes incluso de la pandemia que llevó al cierre de escuelas en más de 180 países, el mundo estaba ya enfrentando una crisis de aprendizaje.
El Banco Mundial presenta lo que llama niveles de "pobreza de aprendizajes” a nivel global, midiendo el número de niños de 10 años que no saben leer o no comprenden un texto sencillo. Teniendo en cuenta que en los países más pobres esta tasa supera el 80% ¿cuál será el nivel en Argentina luego de un año perdido por la pandemia y la falta de perspectivas de cuál será la política educativa frente a esta segunda ola de la pandemia?
Como resultado de la irrupción del Covid19, la educación del 85% de los niños del mundo (alrededor de 1.600 millones de estudiantes), vieron interrumpida su asistencia a las escuelas con el inminente riesgo de perderse los aprendizajes fundamentales para el futuro. Muchas instituciones educativas apelaron al aprendizaje multimedial a distancia a través de la radio, la televisión, el aprendizaje en línea y el uso de dispositivos móviles, acelerando significativamente la tendencia de uso de la tecnología en educación.
Reimaginar la educación
A pesar de que aún existen resultados ambivalentes, no cabe duda que la tecnología ofrece a la educación oportunidades impensadas no solo para disminuir la "pobreza de aprendizajes” sino fundamentalmente para reimaginar la educación.
El nivel de inversión es todavía bajo y se ha destinado especialmente a la mejora en el acceso a los dispositivos y a internet, y se ha puesto mucho menos foco en identificar cómo lograr que el uso de estos recursos pueda tener un impacto más significativo en la educación.
En este contexto es fundamental que nos preguntemos: ¿Cómo canalizar la experiencia que deja la pandemia en el uso de tecnologías para lograr la mejora educativa? ¿Cuáles son las áreas de aprendizaje que no pueden prescindir de las tecnologías? ¿Qué políticas públicas se deberían impulsar?
Por Gustavo Carlos Mangisch
Director de Innovación y Calidad
en Educación del Espacio Excelencia
y de la Maestría en Nuevas
Tecnologías (UCCuyo)
