La situación de insalubridad que padecen más de 14 millones de personas en la Ciudad de Buenos Aires, por la conflictiva recolección de los residuos, es la más dramática del problema de la basura en el país. La repercusión del conflicto laboral en la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE), empresa a cargo del servicio impacta por la acumulación en las veredas porteñas de unas 10.000 toneladas de residuos en los últimos días, pero también por los factores en danza, desde planteos sindicales hasta reclamos de cartoneros y sospechas de intencionalidad política para enfrentar a los vecinos con las autoridades, además de intereses económicos.
Por las 6.000 toneladas diarias de deshechos que recoge CEAMSE y los intereses en juego, polemizan funcionarios porteños y bonaerenses, cooperativas de recicladores y punteros políticos de los 28 municipios involucrados, al margen de las exigencias sindicales. La complejidad incluye la deposición de la basura en rellenos sanitarios, compartidos por la empresa y las comunas del Gran Buenos Aires.
Salvando distancias, la basura se ha convertido en una cuestión cultural en los argentinos. Lo vemos en San Juan, donde a pesar de los esfuerzos para ordenar las diferentes etapas de la recolección, transporte y disposición final, no existe conducta ciudadana para colaborar con la limpieza urbana. No hay conciencia sobre la importancia de clasificar los residuos para facilitar su posterior reciclado y, peor aún, el vandalismo destruye los contenedores, un sistema elogiado en el mundo por su eficiencia. De allí el interrogante de una porteña afectada: "¿Es la basura el problema de los argentinos? ¿O son los argentinos el problema de la basura?".
